ARTÍCULOS



EL ANZUELO DORADO


Aunque no he practicado nunca la pesca, cuando un pez pica el anzuelo, no creo que sea el ímpetu de su voracidad lo que hace que se clave en su boca el taimado metal sino su deseo de ser libre otra vez, por el que se agita y contorsiona, lo que unido a la tensión del sedal del que tira el pescador asegura el éxito de éste último.

El más sublime de los pescadores sería el dios Amor pues cada enamorado es como un pez al que atrapa su propio corazón. Cuando nos ilumina el amor queremos escapar hacia la otra persona para poseer su alma, para explorar su más honda intimidad. Pero cuanto más nos alejamos del punto de partida, cuanto más nos acercamos al objeto que amamos, paradójicamente, mas adentro de nosotros nos sumimos.

El amor perfecto son dos seres humanos observando su propia imagen en el amor manifestado por el otro. Sólo quien ha sido amado y acariciado por el otro transciende a la soledad porque sólo en los ritos exclusivamente amorosos es posible expresar lo individual, "la cosa en sí" que diría Kant y percibirlo. En ellos el amante expresa al otro y se identifica en él.

Expresar los sentimientos es privilegio exclusivo del amor. El Arte lo único que puede lograr es fingir que lo hace.


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LAS PARADOJAS DE LA RELIGIÓN

Toda religión nace con el propósito de integrar en un modelo unitario la totalidad de las cosas y las personas para mantener nuestra conciencia libre de la idea de contingencia. Pero todas fracasan al final porque para que ese modelo funcione y sea válido hay que excluir a parte de la humanidad. Ninguna ley moral llega a ser totalmente universal y, en cuanto a lo que es bueno y malo, las distintas culturas opinan cosas parcialmente diferentes. Sin embargo el mayor interés que tiene en su vida todo hombre, culto o inculto, moderno o atrasado, es dirimir qué es bueno y qué malo pues, mientras desconocemos esto, nuestra voluntad no sabe a dónde dirigirse.

El criterio máximo de bondad pudiera ser la flexibilidad dentro del rigor moral. La capacidad de sustraerse al deber cuando éste sea más un perjuicio que un beneficio. De ahí que las personas debamos todas estar preparadas para poseer un juicio propio, un sentido común que podamos aplicar cuando una ley moral entre en conflicto con la realidad concreta. No se pueden aplicar leyes morales como si de una cuestión mecánica se tratara, nuestra mente debe estar preparada para un grado de complejidad mucho mayor a la hora de orientar de forma regular y económica su voluntad. El fanatismo sólo indica una falta de capacidad de juicio en la masa social en la que se cultiva y alimenta. Para no fallar en este tipo de juicios, es necesario poseer el suficiente conocimiento acerca del objeto que despierta nuestras dudas morales, se trata de una cuestión de objetividad.

Pero hay otro campo de comportamientos cuyos determinantes, si son externos al individuo, provienen de la autoridad, de la tradición, de la costumbre o de la presión social y sin embargo es frecuente que por su carácter personal entren en conflicto con nuestros sentimientos. La ley moral más inapelable y universal ha de ser el respeto de facto, mientras que el amor a la humanidad es un sentimiento y por tanto no se debería exigir a nadie, lo cual sólo provoca una hipocresía generalizada. Si queremos que siga siendo respetada la privacidad de nuestros sentimientos pese a los cambios históricos, ambientales, etc. nuestra responsabilidad habrá de ser colaborar socialmente, no desentendernos de nuestros deberes con aquellos que necesiten nuestra ayuda material, pues de lo contrario, la religión, que no es el opio del pueblo sino la zanahoria que se le coloca al burro delante para que camine, volverá a primer plano, volverá la inspiración del miedo al pecado, volverá la intransigencia con formas personales de pensar, pues no de otra forma se maneja la voluntad de las personas que expropiándole sus sentimientos. Si queremos que el placer como principio de la vida siga siendo vigente para siempre, debemos estar dispuestos a respetar el derecho de los demás y a colaborar con ellos. ¿No creéis? 


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QUÉ ES ARTE Y QUÉ NO


He leído en algún autor que el arte es la expresión (fingida) de lo individual. De lo genérico es de lo único que podemos hablar porque las palabras no sirven en absoluto para expresar algo individual o personal. Sin embargo, empleando ciertos métodos estilísticos, se puede fingir la expresión de ese algo.

Siendo esto cierto ¿qué sería imprescindible para que una obra fuera arte? Que el receptor de la misma sea una y sólo una persona, la experiencia inefable de la contemplación artística individual. Si quien escucha, lee o mira una obra no accede, en virtud de las sugerencias de  ese objeto o del capricho de aquel, a representaciones mentales intransferibles y totalmente personales, nos encontramos ante un hecho de comunicación que puede tener mayor o menor importancia pero que no es artístico.

En cuanto a la singularidad tanto del artista como de la obra, serían requisitos secundarios y prescindibles. Hay una infinidad de obras elaboradas por más de un autor  e incluso (al menos una surrealista) sin que los distintos autores vean, antes de hacer su trabajo, cómo es o va  a ser el de los demás. No por ello dejan de ser obras de arte. También es obvio para todo el mundo que el valor artístico de una obra de arte, contrariamente a otros objetos de valor, no reside en que sea materialmente única. El valor económico de un cuadro, por ejemplo, es una cosa distinta (aunque dependiente) de su valor como obra artística que reside en su poder de sugerencia.

En cambio, todo lo que comuniquemos al vecino de asiento en el teatro acerca de por qué nos gusta la obra que estamos presenciando puede tener interés técnico, pero no tiene nada que ver con el propósito del arte, que es una mirada totalmente subjetiva al tema propuesto en la obra. El Arte, por muy social que sea su intención, nunca estará dirigido a la sociedad, al modo de un spot publicitario, sino al individuo. 

El Arte no es comunicación sino representación, imitación, su último fin no es expresar mensajes, la mayoría de las veces obvios y fácilmente reductibles a términos racionales, sino un colocarnos frente al recuerdo de algo que ha de despertar en cada uno sentimientos parecidos pero distintos, como nuestras huellas dactilares.

Se suele pensar que los cuadros, la música o los poemas son fundamentalmente expresión. Muchas veces se pregunta a un cantante en la radio qué ha querido expresar en las canciones de su álbum y el cantante, si está de buen humor, le expresa lo que ha querido expresar empleando palabras, por lo que da la sensación de estar recitando un poema en prosa. Triste álbum sería si para expresar lo que ha querido expresar le leyera al entrevistador algún párrafo del código de la circulación. Así mismo, no sería un pintor sino un ejecutivo aburrido, por ejemplo, el que en lugar de pintar un retrato, cogiera un pincel impregnado de pintura y en un sólo color escribiera en el oleo: Sonia Martínez, y a continuación tirara el pincel por la ventana.

Una vez establecido que el elemento verdaderamente importante del Arte es el receptor y que lo que el Arte provoca en éste es un emerger de representaciones individuales o sentimientos por medio de la representación (y comentario) de algo que le trae a la memoria un determinado recuerdo personal, nos preguntamos: ¿Y por qué necesitamos que nos ocurra eso?

La respuesta la sabe todo el mundo: para no sentirnos solos con nuestros afectos, para comprobar que nuestro más oculto e inexpresable interior está unido al resto de la Humanidad y, más allá, al del Universo. Cuando observamos cómo la obra de arte, que no ha sido elaborada por nosotros, ni siquiera pensando en nosotros, nos habla a nuestro interior como si lo conociera, sentimos la evidencia de que no estamos aislados, por eso el gran tema del arte no ha sido nunca la Bolsa o la reproducción de las abejas sino el Amor.


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EL ARTE EN EL CONTEXTO HUMANO GENERAL

La inteligencia, a mi entender, es nuestra capacidad para actuar expresiva, técnica, reflexivamente, etc. sobre varios elementos al mismo tiempo empleando uno que los representa a todos ellos. Es también lo que hacen los ordenadores. Una inteligencia cada vez más ágil se debió ir incorporando a las especies de homínidos en el proceso evolutivo, debido a su utilidad para la cohesión social: pues ese incremento permitió la técnica, el lenguaje, la reflexión, etc.


También nuestros sentimientos individuales son elaboraciones de nuestra inteligencia pues cada uno de ellos es representación de un complejo racimo de emociones experimentadas por nosotros ante un objeto determinado.

Así como el significado del sustantivo perro es nuestro concepto o representación mental de cada uno de los perros concretos, nuestro sentimiento por la persona X sería una representación mental-emocional de todas las emociones sentidas a lo largo de nuestra vida en nuestra relación con la persona X. En ambos casos se trata de abstracción de las impresiones de nuestros sentidos, pero mientras en el primero esas impresiones son sólo las objetivas (que me permiten saber de la existencia real de un objeto), en el segundo son tanto las objetivas como las subjetivas (mediante las cuales sé de qué forma me relaciono con ese objeto).

Así como no le podemos dar un hueso al concepto perro, un sentimiento está alejado siempre de las emociones concretas que representa por cuanto los diferentes ángulos del objeto que las provocaron no podrían producirse y afectarnos simultáneamente en una situación real.

Según todo esto, ¿qué es lo que representa el Arte? El Arte, como he dicho, relaciona nuestros sentimientos concretos con los sentimientos genéricos de la Humanidad para unirnos con ella. De ese modo es una operación más de la inteligencia en la que el objeto artístico representa cada uno de los sentimientos individuales que el mismo ha evocado en cada persona diferente. Si un sentimiento es abstracción emocional de emociones, una obra de arte sería una abstracción sentimental de sentimientos.

Así pues Borges dijo con mucha razón algo así como que no es necesario buscar un estilo muy elaborado, personal, difícil, erudito o afectado para escribir literatura porque, según lo que he dicho, la literatura o nos conecta a todos o es de una calidad inferior pues no sirve a su propósito esencial.


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