13 de diciembre de 2013

Seis microrrelatos sobre la libertad (V)

A mi amada

     Laura tenía nueve hijos, todos de menos de dieciocho años. Como tenía miedo de que se le volvieran díscolos y no la dejaran vivir, al principio los mantenía sujetos a una disciplina férrea, a todos los trataba igual y todos tenían la obligación de hacer las mismas cosas.
     Pero a medida que pasaba el tiempo, se iban volviendo más desobedientes y el desorden en casa llegó a ser extenuante para ella. Como no era de mal carácter sino de muy buen corazón, en lugar de aumentar la dureza de los castigos, permitió a cada uno que hiciera lo que quisiera siempre que no fuera un peligroso disparate concebido desde la inexperiencia, porque se sentía impotente para seguir luchando escrupulosamente contra el caos.
     Fue entonces cuando sus nueve hijos empezaron a parecer uno solo y el orden y la armonía volvió a su casa.

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