13 de diciembre de 2013

Seis microrrelatos sobre la libertad (IV)

A mi amada

     -Si yo pudiera hacer las leyes, los ponía a todos en fila, como en el colegio. Así no habría pederastas como ese tío desgraciado -esto le estaba diciendo el sargento Martínez a la teniente Gómez.
     -Que no, que no, Amancio -respondió la Gómez-, no seas retrógrado, no van a pagar todos por unos pocos.
     -¿Unos pocos? -dijo Martínez-. El que no hace nada malo es por miedo a la autoridad, si conoceré yo al género humano.
     En ese momento llegó el oficial que estaba interrogando al pedófilo.
     -¿Le has sacado algo a ese bastardo? -le preguntó Martínez.
     -Al principio era reacio -respondió el oficial-, luego he dejado de amenazarlo y le he hablado más blandamente y lo ha confesado todo, me ha contado hasta cómo eran sus padres. ¡Menudo miedo les tenía el individuo!

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