13 de diciembre de 2013

Seis microrrelatos sobre la libertad (III)

A mi amada

     Se sentía como si deseara desesperadamente escapar de la jaula de su cráneo. Era la enésima vez que ocurría. Le habían dado un asiento en la segunda fila en la ceremonia y, en cambio, el detestable y arrogante Eduardo, que no merecía ni siquiera un puesto en la tercera, había visto el homenaje en los asientos de privilegio.
     Le negaban el reconocimiento, le negaban la dignidad, le negaban el éxito... Estaba atrapado en una sociedad de ineptos. Él merecía la primera fila, incluso el homenaje que le acababan de rendir a otro. Él merecía ser colocado en el lugar más alto y, sin embargo, le colocaban en segunda fila... Su interior se debatía violentamente como deseando salir de una prisión.
     Dio un puñetazo en la mesa de su despacho y luego un cabezazo hacia atrás contra la pared. Entonces se desprendió el cuadro de van Gogh que había encima y cayó sobre él. Era una reproducción de los Girasoles, el que llegó a ser el cuadro más caro de la historia, menospreciado en su tiempo por todo el mundo.
     Lo agarró lleno de furia y lo hizo pedazos.
     -Van Gogh no cumplía religiosamente todas las normas y preceptos como hago yo -se dijo para rebelarse contra aquel simulacro de señal divina.

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