28 de noviembre de 2013

Seis microrrelatos para aliviar una ausencia (III)

A Txaro Cárdenas

     Clara y Francisco tenían siete años, aunque aparentaban algunos meses menos porque el amor los rejuvenecía. Un día discutieron porque ella quería jugar a una cosa y él a otra y tan lejos llegó la discusión que él acabó diciéndole a ella:
     -¡Ya no soy tu novio! ¡No quiero verte ni en cien años! -y tras levantarse de donde estaba sentado con ella, se marchó a otro lugar del patio del colegio, muy lejos de allí.
     Pasó diez minutos observando a todas las niñas y comprobó que, para su gusto, eran mucho menos guapas que Clara; quiso resistirse y hacerse fuerte, le quedaban todavía cien años menos diez minutos que aguantar, cuando uno da su palabra, ha de mantenerla... De pronto, se imaginó toda su vida buscando niñas tan guapas como Clara sin encontrarlas, se vio soltero para siempre, apegado al recuerdo de su ex novia, sintiéndose rodeado de mujeres feas que querrían jugar a lo que quería él pero que no tendrían los ojos verdes como Clara, ni las pestañas largas y negras, ni los labios combados como los pétalos de una rosa. Cuando se vio tan atormentado por todos estos pensamientos que casi le faltaba la respiración, corrió al lugar donde había dejado a Clara, le dio un beso en la mejilla y comenzaron a jugar a lo que ella quería.
   

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