28 de noviembre de 2013

Seis microrrelatos para aliviar una ausencia (IV)

A Eya Jlassi

     La tormenta ensombrecía su ánimo. La lluvia le parecía un bombardeo de lágrimas de dolor y los rayos que restallaban en lo alto, cañonazos de odio contra su corazón solitario. El frío que se colaba por debajo de la puerta se le metía en el alma y la llenaba de desesperación. Pero, de pronto, el timbre de la puerta sonó. ¡Era Laura! La besó tiernamente. ¡Cuánto la había añorado! Seguía lloviendo. Las gotas eran para él ahora perlas que regalaba el cielo, que celebraba la belleza del mundo, los rayos, fuego de artificio, estrépito, dulce jolgorio que acompañaba el regocijo de su corazón. El frío seguía colándose por las puertas y ventanas pero eso le hacía feliz porque le permitía estarse muy pegado a Laura, al calor de la estufa, besándola, acariciándola y diciéndole encendidas palabras de amor.

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