27 de octubre de 2013

Seis microrrelatos sobre el miedo a la libertad (III)

A Naika M. Santos

     Dos espíritus que vagaban por las esferas más oscuras del mundo de la Muerte tropezaron provocándose la violenta agitación de sus alientos por el impacto del choque.
     -¡Qué coincidencia! -dijo uno de los hálitos- Siendo tan grande la región de la Muerte y hemos tropezado. ¿Cómo has llegado hasta este lugar tan sombrío?
     -Soy un alma sin valor, manchada por la culpa, por eso, jamás he conseguido que me amaran de verdad -respondió el otro.
     -¡Qué cosa más rara! -dijo el hálito primero-. Para amar no hacen falta razones, ser humano es amar, ¿cómo es que se deja de amar a alguien porque cargue con una culpa o no valga nada? ¿Y de qué es culpable un hombre si se le considera en su ser esencial o qué ha de valer una persona si es un fin en sí misma?
     -Pues no lo sé -respondió el otro hálito-. ¿Supones que he vivido toda mi vida atormentándome sin necesidad?
     -Sí, a no ser que seas un cocodrilo o un avestruz, que no han de amar en vida -dijo el primer espíritu.
     -¡Pues me voy a la Luz! ¡Qué felicidad! -dijo el otro aliento colmado de una repentina alegría-. Por cierto, ¿y tú qué haces aquí? Este es un lugar muy oscuro y, sin embargo, me has iluminado.
     -Soy el hombre de la limpieza. Estoy limpiando esta zona, que se ensucia mucho -respondió el hálito primero.

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