27 de octubre de 2013

Seis microrrelatos sobre el miedo a la libertad (I)

A I.D.

     Arthur Krammer añoraba un éxito rutilante de público y vivía amargado porque sus películas no eran celebradas con la suficiente contundencia. Las cifras de taquilla no eran nunca sobresalientes, la crítica no hablaba de él y no le habían dado premio alguno en ningún festival.
     Hablando con su amigo, el pianista de Jazz, Alfred Brawn, se lamentaba un día:
     -No soy buen cineasta, Fred, he de rendirme a la evidencia. Mis filmes no son aplaudidos por nadie.
     -Sí eres buen cineasta, Arthur -le respondió Alfred-. A tu papá le gustan tus películas.

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