7 de septiembre de 2013

Los malos

     En la cámara de la muerte de Huntsville acababan de ajusticiar a un mexicano. Uno de los funcionarios de prisión que miraban por la ventana como testigos del acto se había desmayado sobre su silla y su vecino de asiento y otros compañeros lo estaban auxiliando. Al lado de su silla, a un par de puestos más allá, sin embargo, un hombre de apariencia pulcra y semblante hierático observaba estos movimientos de los funcionarios con indolente descuido. Era un representante de la tesorería del estado de Texas. El funcionario volvió a abrir los ojos y todos se calmaron. Uno de los que habían atendido al compañero mareado se sentó juntó al hombre de pulcra apariencia y dijo:
     -Odio las ejecuciones. Deberían haberlas excluido ya de las leyes de este estado. Los tejanos somos buena gente, no está bien que hagamos esto con los delincuentes.
     -¿Y por qué no? -dijo el hombre pulcro-. El mal existe, hay que erradicarlo...
     El compañero del mareado le extendió la mano y dijo:
     -Frank Murder, funcionario de esta prisión.
     El pulcro le estrechó su mano y dijo:
     -Tom Wyoming, de la tesorería de Texas.
     -¿Por qué hay que erradicarlo? -dijo Murder-. Dijo Jesús que el que estuviera libre de pecado que tirara la primera piedra...
     -Usted no entiende de esto. Yo he escrito un libro sobre el mal. En el mundo hay tres tipos de personas que causan sufrimiento a los demás. En primer lugar están los malvados de corazón. Son los que por instinto natural están inclinados a dañar a sus semejantes. Las religiones y el poder político nacieron entre otras cosas para defendernos de ellos. Para prevenir las acciones de estos seres dañinos, la sociedad ha de reprimir los instintos naturales de todos los demás. Es un efecto indeseable de la presencia de estos seres en el mundo pero así es como debe hacerse por tradición. En segundo lugar están los indiferentes. Ellos no sienten cuando causan perjuicio a los demás, solo se preocupan de su propio bienestar. No son malvados de corazón pero tampoco desean la felicidad de sus semejantes. Si no hubiera policía y normas y leyes, estos seres llenarían nuestras vidas de dificultades, serían nuestros peores parásitos. Y en tercer lugar están los degenerados. Son los que no quieren reprimir sus instintos en favor de la sociedad. Son bondadosos de corazón y desean la felicidad de los demás pero adoptan actitudes indecentes. Los maricas, los drogadictos, las putas, los comunistas, los ateos... Todos ellos actúan llevados por sus instintos desordenados, porque no se sienten con fuerzas para refrenarlos.
     El funcionario mareado estaba vomitando pero Wyoming seguía con su perorata acerca de su libro.
     -Los buenos somos los demás, los que hemos dejado a un lado las veleidades del corazón y nos plegamos a los dictados de la sociedad con obediente resignación, sin atender a otra cosa que la lógica y el sentido práctico. Yo me casé sin enamorarme, solo porque lo vi útil y... lógico -Wyoming hizo un elegante gesto con la mano para decir lógico a imitación de los de Carl Sagan; de pronto agarró del brazo a Murder y le dijo con un tono oscuro, como lleno de una ira que intentaba disimular:- ¿Entiende por qué es tan importante erradicar el mal? Todos ellos deberían morir para que el horrible esfuerzo de contención de nuestros instintos que hacemos las buenas personas sea vengado en sus detestables carnes. Nuestras vidas han de ser grises y oscuras pero ellos no merecen ni siquiera vivir...
     Detrás del asiento de Wyoming, había un periodista y estaba escuchándole. Cuando pronunció estas últimas palabras, el periodista se inclinó hacia él, le tocó el hombro y le dijo:
     -Oiga, ¿y qué tiene de malo que muramos todos? Después de todo ¿para qué vivir estas vidas tan grises? Mejor decretar un día de libertad verdadera y permitirnos todas las indecencias que ansían nuestros corazones en medio del más salvaje Apocalipsis.
     El periodista se levantó y dijo antes de marcharse:
     -Yo sí estoy enamorado de mi esposa; solo espero que no me clasifique por eso entre los degenerados...

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