19 de julio de 2013

Un final en medio del amor

     Andrés sentía por Gloria el amor más puro e intenso. Solo saber que ella era real pese a su belleza y bondad ilimitadas le transmitía la felicidad más profunda y la fe más alta en la vida. Pero Andrés contrajo cáncer y, según dictado de los médicos, era incurable y no existía tratamiento para él. Su duelo al comprender que se acababa su vida en plena juventud le sumió en una honda tristeza e inquietud pero su amor sobresalía sobre estos sentimientos porque, por encima de su deseo de sobrevivir estaba su júbilo de amar, de sentirse uno espiritualmente con el ser más bello que conocía, de darse a otro ser por entero pese a ser libre de no hacerlo. Amar de aquella manera a Gloria le otorgaba dignidad como hombre en un tiempo en que todo se reducía a intercambiar cosas bajo el puro signo del interés. Tanto la amó aquel último año de su vida y tanto afecto le devolvió ella que se sintió como si hubiera vivido con ella una vida entera y murió sin experimentar apenas el más leve dolor.

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