22 de julio de 2013

El sádico

     En la oficina, hubo unos minutos de distensión y Jorge, hablando de la película de la noche anterior, protagonizada por un asesino sádico, ilustró a los otros con sus conocimientos sobre el sadismo:
     -Para un sádico -decía-, el deseo más hondo es humillar al ser que le fascina. El sádico está oculto entre gente anónima hasta que se decide a actuar, libre de toda inhibición, y se convierte en protagonista del telediario. En esta oficina, podría haber uno de ellos, nunca lo podríamos saber.
     -Yo te aseguro que no soy sádico -dijo Alberto.
     -Eso podría probar más bien lo contrario -respondió Jorge-. Un auténtico sádico jamás reconocería que lo es, hasta la última fibra de su ser se negaría a admitirlo.
     Cuando el jefe oyó esto, con cara de tomar la comunión dijo:
     -Yo sí soy un sádico.

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