10 de julio de 2013

Eduardo y Elisa

     -Elisa, ¿sería posible que me amaras alguna vez?
     -Eduardo, por favor, de ese tema ya hemos hablado, yo no puedo darte lo que quieres de mí. Si acaso, te permito que mantengamos una relación de amistad.
     -¡Qué crueldad, Elisa...!
     -¡Crueldad! Respeta tú mis sentimientos. Debo ser libre para poder ser feliz. Para ti no es imprescindible que yo te ame. No morirás porque yo no te corresponda.
     -Elisa, me has amargado el día...
     -Templanza, Eduardo... No te hace falta que te amen para ser feliz, te basta con amar... ¿De qué te serviría que yo te dijera: "Te amo, Eduardo"? Lo que tú sientes es lo importante, ¿no te das cuenta, hombre?
     -Me vas a hacer llorar, Elisa...
     -¡Qué mimoso eres! ¿Y si te dijera que sí te amo, te sentirías satisfecho, niño pequeño?
     -Voy a llorar, Elisa, eres muy cruel...
     -Venga, hombre, no llores. Te amo. ¿Oyes? Te amo, Eduardo...
     -Me estás haciendo llorar...
     -Pero si ya tienes lo que querías....
     -Pero, en cuarenta y tres años que llevamos casados, aún no lo habías reconocido, Elisa...

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