13 de abril de 2013

Seis microrrelatos sobre la maldad aparente (V)

     San Pedro dejó pasar a un hombre que siempre había puesto la otra mejilla y Satanás, que estaba por allí, le dijo:
     -Pero, Pedro, ¿cómo dejas pasar a ese hombre que ha dejado toda su vida que los demás abusen de él sin rebelarse? Seguramente, tendrá el alma llena de odio y rencor hacia todos los que le hicieron mal. Será un fariseo hipócrita. Me pertenecía a mí.
     -Pues no, Satanás -dijo San Pedro-, este hombre fue siempre una buena persona y, si se dejó vapulear, fue porque es un filósofo genial. Desde muy niño, supo que los hombres solo hacen su propio capricho y es inútil intentar que cambien de opinión. Por eso, tenía la seguridad de que de, si no volvía la otra mejilla, le abofetearían siempre el mismo carrillo y le harían más daño.

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