2 de marzo de 2013

El padrastro

     Morgan Smith, alto miembro de la Mafia, discutía aquella noche con su madre su decisión de volverse a casar. Su prometido y ella habían disfrutado esa noche de una velada muy agradable y ella estaba eufórica.
     -Mamá, ese señor es posible que trabaje para nuestros rivales -decía Morgan-. Su hermano menor está casado con una Bergson...
     -¡Hijo, hijo, paz y amor, esta es la oportunidad de hacer una alianza indestructible! -respondió su madre.
     -No tiene un cochino dólar, va a ser una carga para nosotros, no nos aporta nada -dijo Morgan.
     -Pero es un cielo de hombre. ¿No quieres tener un papaíto sensible y adorable? -dijo su madre.
     -Mamá, es bizco, una de sus orejas es distinta de la otra, tiene la nariz de gancho, tartamudea, come haciendo ruido como los cerdos, tiene más pelo en el entrecejo que en toda su cabeza, tiene las piernas torcidas y el otro día le sorprendí leyendo el periódico al revés. Es posible que no sepa leer y que estuviera fingiendo.
     -¡Oh, Morgan, qué enumeración más dulce me has hecho de sus tiernos donaires! ¿Verdad que no hay un hombre más lindo que él?
     -Los hay mejores hasta debajo de las piedras y no solo hago referencia a una colocada en el cementerio de la ciudad que has dejado de visitar hace meses -dijo Morgan, dolido-. Has de saber que ese sujeto sufrió un disparo en la guerra y su entrepierna no salió del todo ilesa...
     -Lo sé, lo sé, hijo mío -dijo su madre-, pero nuestro amor es puro como el de los ángeles. No necesitamos sexo para querernos y siempre cabe la posibilidad de... métodos alternativos.
     -Mamá, me vas a obligar a decir algo que he averiguado esta misma tarde: es judío -dijo Morgan-. ¿Quieres entrar en una familia implicada en la muerte de Jesucristo?
     -En ese caso, es familia de Jesucristo por parte de madre -dijo ella-. ¡Qué buenísima recomendación!
     Morgan dio un berrido y se dejó caer en el sillón con más exasperación que cansancio.
     -Mamá -dijo finalmente volviendo a levantarse-, se me olvidaba. He averiguado otra cosa: no es del todo humano. Un médico que le ha hecho una radiografía dice que tiene tres estómagos como los rumiantes. ¿No te da aprensión casarte con un hombre que es medio caballo?
     Su madre sabía que aquello era un embuste de su hijo pero, aún así, le respondió:
     -Ya sabía yo que mi Charlie era distinto a todos los demás...

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