13 de marzo de 2013

Desgraciado

      José abrió su buzón de correo y encontró un email de un conocido con el que había tenido una relación comercial a través de internet. Era un sujeto algo arrogante, en opinión de José, porque, cuando le había preguntado acerca de la calidad de su producto, había contestado que era libre de comprarle a otro y que no tenía tiempo que perder. No obstante, como José era de buen carácter y pensaba que las personas, en esencia, no son malas, había acabado manteniendo, gracias a su forma afable de tratarlo, un contacto prolongado con él a lo largo de varias semanas. El mensaje hablaba de las cosas de su comunidad de vecinos. En su parte central, decía lo siguiente:

     "La gente aquí es insoportable. Apenas te dejan respirar. No toleran que alguien tenga ideas propias y haga de su vida lo que le venga en gana. Se pasan el tiempo inmiscuyéndose en las vidas de los demás. Estos paranoicos, como no me gusta inclinarme ante nadie, han orquestado una campaña contra mí. Yo, porque soy buena gente, que si no, llamaba a la policía y que les metieran un buen paquete. De verdad, de verdad te digo que, si pudiera, me iba de esta ciudad."

     José, a quien el tema le traía sin cuidado, respondió por compromiso lo que sigue:

     "Es asombroso el grado de inhumanidad a que llegan la personas cuando las ciega la ofuscación de sus mentes. Hay muchos casos como el tuyo, ciertamente. En cuanto a mí, te puedo decir que vivo en un bloque donde la gente es maravillosa, extraordinaria, con una simpatía que me conmueve muchas veces. Tan tolerantes son que a mí, que soy de los primeros gays que se casaron amparados por la legalización del matrimonio homosexual, me saludan todos con muy buenas caras y hasta me felicitan el santo si me ven ese día. Hasta tengo una viejecita que me trae arroz con leche los sábados por la noche. Claro que en mi ciudad la gente es muy buena. En tu ciudad, las personas deben ser mucho más cerradas, por lo que veo."

     Al otro día, José recibió un nuevo email:

     "¿En Arganda del Rey? Aquí son todos unos reptiles. Tienen sus mentes permanentemente ocupadas en descubrir la manera de amargarte el día."

     José desconocía que aquel hombre fuera de Arganda del Rey y le escribió al instante este mensaje:

     "¡Hombre, pero si somos paisanos! ¿Y en qué bloque vives? ¿Dónde está metida toda esa gentuza?"

     El otro hombre, no tardó mucho en contestar tampoco y lo que dijo fue esto:

     "En el 7 de la calle Velazquez."

     José contestó:

     "Ah, que eres tú... ¡Desgraciado...!"

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