20 de febrero de 2013

Sinceridad

     A un tal Oxel Portilla

     Era la quinta vez que Eduardo llamaba a aquel vendedor de libros por correspondencia. Cuando le contestó le dijo enfurecido:
     -Escúcheme usted: hace dos meses que estoy esperando el pedido de libros que le hice y ni caso. Es la quinta vez que le llamo y usted no hace más que darme excusas. Estoy harto de usted, perdóneme que le diga, me da la sensación de que no es más que un idiota de tomo y lomo. Le voy a denunciar para que no haga con otro lo que ha hecho conmigo. 
     -Le ruego que me perdone -dijo el vendedor-. La tardanza tiene una explicación que no he considerado oportuno confesarle hasta ahora pero, ante sus insultos y su exasperada reacción, me veo en la obligación de declarársela sin tapujos. Mire usted, yo no soy vendedor de libros. Le he estafado. Se trata de un timo puro y duro. No soy más que un ladrón...
     Eduardo, de inmediato, empleando un tono mucho más reposado, dijo:
     -Eso ya es harina de otro costal. Ante eso ya no tengo nada que objetar, caballero. Quédese tranquilo con mi dinero, siendo usted ladrón, está en su derecho. ¿Ve cómo con sinceridad se llega más lejos que con evasivas y haciéndome perder los estribos? 

2 comentarios:

  1. Jajaja, excelente Luis. Ha sido un auténtico placer leer este relato. Muy tuyo. ¿Cómo has estado? Tiempo sin escribirte amigo, como siempre ando atareado, pero al menos pendiente de revisar tu blog de vez en cuando. Espero estés muy bien. Un abrazo Luis!

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  2. Hola, Ricardo. Estoy muy bien, muchas gracias. Un abrazo.

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Gracias por su comentario