9 de febrero de 2013

La merienda

     Antonio, Jaime y Lucas lo cierto es que nunca antes habían hecho nada juntos, excepto trabajar en la oficina, pero Jaime tuvo de pronto una especie de revelación y les dijo a los otros dos: 
     -¿Qué os parece si hacemos esta tarde una merienda juntos?
     -¡Qué buena idea! -dijo Lucas.
     -¿Por qué no? -dijo Antonio alegremente- ¿Y qué vamos a merendar?
     -Pues... chocolate con churros. Tú, Antonio, compras los churros. Tú, Lucas, el chocolate a la taza. Y, si merendamos en mi casa, yo pongo la mesa, las tazas y, luego, lo friego todo.
     -Mira, Jaime, estamos a fin de mes y estoy tieso -dijo Lucas-. Mejor merendamos en mi casa y vosotros dos pagáis el chocolate y los churros. Si no es porque tengo la nevera bien provista, tendría que pedir prestado para ir al supermercado.
     -¿Es que no ahorras, Lucas? -dijo Jaime.
     -Sí pero lo que tengo ahorrado es para casarme -respondió Lucas.
     -Pero, bueno, Lucas, una bolsa de chocolate en polvo tampoco va a destruir tus expectativas de matrimonio; pídele a tu novia que te la compre -dijo Jaime.
     -Era una idea, Jaime, si no hay más remedio que pagar el chocolate, se paga, por supuesto, pero yo no entiendo así la amistad -dijo Lucas.
     -¡Bueno, ya llegó! Todavía me estás recordando cuando te hice pagar el pañuelo de seda que te dí para que te taponaras la herida que te hiciste, ¡qué tío más delicao, por Dios! La amistad es la amistad y el interés, el interés.
     -No he dicho que me estuviera refiriendo a aquello, Jaime, siempre me malinterpretas -dijo Lucas-. Yo lo que rompo, lo pago, no me trates de abusón. Y si te lo he recordado mucho será porque a veces hay que saber ser generoso también y tú no lo eres.
     -¿Y tú eres generoso? -dijo con acritud Jaime.
     -Por lo menos, soy un caballero y hago gala de ello allá donde voy y no pido a nadie que me pague los pañuelos usados a precio de nuevos cuando se los presto para que se taponen una herida... -dijo Lucas.
     -¡Eres un tío imbécil! ¿Cómo a precio de nuevos? ¿Sabes lo que me costó ese pañuelo? ¿Y caballero tú? ¡Ni por asomo! Más cobarde que las ratas. Como aquella vez que me dijiste que atendiera al cliente del corte en la cara porque decías que te daba miedo -dijo Jaime.
     -No dije que me diera miedo sino asco y te lo mandé para tu ventanilla porque sé que tienes estómago para todo; que tú y los tuyos sois gentuza y nada más que gentuza -dijo Lucas.
     -¿Ah, si? ¿Porque en mi familia somos de izquierda verde, ya somos gentuza? ¿Y tú qué eres? ¡Un faaascista! -dijo Jaime.
     -Tradición democrática de toda la vida, en mi familia, y yo soy miembro de Amnistía Internacional... -dijo Lucas.
     -Pa' disimular nada más, chico... -dijo Jaime.
     -Mira, no me toques las pelotas que no me conoces -dijo Lucas.
     -Amenazando y todo el señorito. ¡Qué mimados estáis los fachas! Anda, corre a pedirle a tu papá que te proteja, porque un rojo muy malo te ha gritado -dijo Jaime.
     -¿Sabes lo que te digo, comunista de mierda? Que me he quedado muy a gusto hablando contigo porque eres una persona sincera y dices lo que piensas y no como otros y que estoy deseando irme a merendar a tu casa y voy a comprar el chocolate aunque tenga que aplazar diez meses el día de mi boda -dijo Lucas.
     -Estoy deseando mojar el churro en tu chocolate, cabrón de mierda -dijo Jaime.
     -Hay marcas de chocolate en polvo muy económicas -dijo Antonio.
     Lucas se quedó mirando a Antonio unos segundos y luego dijo: 
     -¡Pero no seas mezquino, joder! ¿Quien está hablando aquí de dinero?

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