31 de enero de 2013

Un deporte sano

     Jaime no jugaba al fútbol cuando salían al patio, prefería ir con los que se entretenían conversando. Un día surgió el tema del sexo y todos sus compañeros hablaron abiertamente de sus experiencias, pues, pese a no pasar ninguno de los diecisiete años, todos ellos, según aseguraban, se habían iniciado ya en las prácticas de la virilidad. Jaime, sin embargo, estaba callado, más aún de lo que era costumbre en él, y para su consternación, los otros no dejaron de advertirlo. Cuando uno de ellos hizo un comentario sobre el silencio de Jaime, todos le animaron a que hablara de su vida sexual y contara cómo fue su primer encuentro preferiblemente al más reciente para que fuera más divertida la historia, pues, la primera vez, la inexperiencia es causa de malentendidos muy graciosos.
     Jaime, que era honesto y creía su obligación decir la verdad en los casos en los que para no decirla hubiera de mentir, contestó:
     -No os puedo contar ni el primero ni el más reciente porque la verdad es que aún no he tenido ninguno.
     -Jaime, no puedes pretender ser virgen toda la vida -dijo el que más memoria tenía y manejaba más datos académicos que nadie-. Tienes que practicar el sexo y no reprimirlo o tendrás cualquier día de estos una neurosis. La sexualidad es un deporte sano que te da equilibrio y estabilidad emocional, es estimulante y destensa los nervios. A veces, me siento como triste, como con morriña, y sé que es porque me hace falta sexo, de modo que le pregunto a mi chica cuándo tiene la casa libre y me voy a echar un quiqui con ella cuando ella me dice.
     -Jaime, no se hable más -dijo Damián, el más responsable de los jóvenes, que era hijo de un profesor de aquel instituto-. Yo te presento a mi prima Alicia, que es muy liberal para estas cosas y suele prestarse a ellas, lo haces con ella un par de noches, sin compromiso de ningún tipo, y ya sales de eso.
     Jaime tragó saliva ante aquella perspectiva abierta ante él en aquel momento, al sentir un asomo de inquietud pero supuso que era un plan excelente y dio su conformidad.
     Damián le dijo el lugar y la hora en la que se encontrarían esa tarde para que le presentara a su prima Alicia, cuya belleza y poderío sexual ponderó muy encarecidamente.
     Tan en serio se tomó lo de su iniciación en la virilidad que ese mismo día, aunque no había fumado en su vida, se compró una cajetilla de tabaco y estuvo tosiendo y fumando un cigarrillo tras otro mientras esperaba a Alicia y Damián en la terraza de un bar. Pero, quizá para su alivio, ninguno de los dos apareció por allí a la hora convenida ni mucho más tarde.
     Al día siguiente, en los pasillos del instituto, se acercó a Damián y le preguntó:
     -¿Qué pasó con tu prima?
     -¿Qué prima? -respondió Damián.
     -La que se iba a acostar conmigo -dijo Jaime.
     -Ah... -dijo Damián y luego pareció que dudaba qué respuesta darle pero al final dijo:- Me dijo que ahora mismo no puede ser y que lo dejes, si te parece, para dentro de un par de meses porque, en estos momentos, está a punto de dar a luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.