5 de enero de 2013

No era poeta

   Sinesio Puigcorbé era un hombre cansado de trabajar entre las cuatro paredes de su oficina que añoraba otra clase de vida pero, por la fuerza de la costumbre y la comodidad del buen sueldo, nunca había pensado seriamente en dejar su empleo. Pero, un buen día, su jefe hizo un reajuste de plantilla y lanzó a la calle a su empleado soñador.

   Sinesio, sin demora alguna, se lanzó a buscar otro empleo en una oficina pero un día, viendo una película donde el protagonista caminaba por un campo de espigas rozándolas con sus manos con cara arrobada y feliz, se sintió tan fascinado por el trigal como el personaje y sintió una poderosa ansia de sumergirse en la forma de vida natural con la que identificaba a la agricultura. Tan hondo sentimiento le despertaron aquellas imágenes y su añoranza de una existencia sin ruidos, atmósferas cerradas ni estrés que escribió un poema de cuatro versos que decía: 

Soy verde como la hierba 
y clavada está en el valle 
la raíz de mis ensueños; 
el campo entero es mi calle. 

   Pero, como no era poeta, no se quedó conforme con eso y, tras convencer a su mujer y a sus hijos, emprendió el éxodo al campo y arrendó a un rico propietario de tierras de cultivo cuatro hectáreas. 

   Decidió dedicar esas cuatro hectáreas al cultivo del trigo por no privarse del placer de cumplir sus sueños de modo literal. Una vez que la tierra estuvo sembrada de trigo, había que dividirla en parcelas para poderla regar mejor. Un tractor se encargó de hacer los márgenes pero, como, en estos casos, es imposible dejarlos cerrados en los extremos y queda una abertura de la distancia que hay entre el morro del tractor y la estructura trasera que hace el surco, fue tarea de los propios músculos de Sinesio y de su azada levantar la tierra para acabar el enorme margen. Además, tenía que restablecer la estructura de los márgenes cruzados en las intersecciones que hacían con los longitudinales porque, por necesidad, se rompen al pasar el tractor de nuevo por ese lugar. Además, tenía que cortar cuatro o cinco veces por tabla los canales que hace la estructura del tractor al hacer el surco para que, al regar, no se concentrara todo el agua en ese canal y se quedara el centro en seco. 

   Si solo hubiera sido por esto, Sinesio habría acabado muy cansado el día que se dispuso a regar pero no habría ocurrido nada más. Pero, cuando el tractor estuvo haciendo su trabajo, apelmazó bajo sus ruedas la tierra porque había llovido horas antes no lo suficiente para que se pudiera prescindir de regar pero sí para que se formara el barro. Aunque hubiera llovido lo suficiente, había que pensar en los siguientes riegos, con el trigo ya crecido y la tierra ya seca y compacta por lo que fue imprescindible la intervención del tractor. De modo que el trabajo de Sinesio fue lento, extenuante e exasperante, pues también se enfurecía de ver que justo del lado en que no había que levantar la tierra, esta estaba suelta y fácil de mover y en cambio, donde había que levantarla, la azada apenas conseguía clavarse y sacar del suelo un tormo apelmazado. 

   Por esa razón, tan mal taponados quedaron los márgenes que la mayor parte de los remiendos los rompió el agua y, armado de botas de agua, hubo de moverse por todo el terreno para repararlos y, aún así, como el terreno tenía un poco de pendiente, quedaron amplias zonas sin poder regarse porque ya no tuvo fuerzas para seguir remendando y andando sobre el barro. Casi estuvo a punto de quedar atascado en la tierra regada, como si hubiera caído en arenas movedizas pero haciendo un último esfuerzo sobrehumano, consiguió liberarse de ser tragado por su plantación dejando, eso sí, a cambio, sus botas de agua prisioneras del avaro barro.

   Muy afligido, al día siguiente, fue a un bar del pueblo a calmar un poco su amargura con un negro trago de vino tinto. Cuando ya se encontró algo más aliviado de su carga espiritual se volvió de cara al vecino de barra y le dijo: 

   -Desde luego, el año que viene no planto trigo, plantaré cualquier otra cosa. El trigo me mata... 

   -Pues no veo por qué -dijo el otro-; el trigo es el cultivo con el que menos se trabaja.

   Tan dolorosamente sintió el aguijón de la decepción al oír esto que esa noche escribió este poema de cuatro versos pensando en la felicidad de la vida en la ciudad: 

Libre estoy de las cadenas 
de la condición del barro; 
tierra y agua soy tan solo 
pero mi alma es de asfalto. 

   Pero, como no era poeta, hizo las maletas, metió en el coche a su mujer y a sus hijos y volvió a la ciudad a buscar empleo en una oficina.

   

2 comentarios:

  1. Pues coge corriendo el diccionario no te vayas a quedar muda, prima XD Un beso, guapa, y muchísimas gracias :)

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