14 de enero de 2013

Diez microrrelatos sobre la vida (IV)

A Txaro Cárdenas

   Una conocida marca de oxígeno, que no mencionaremos para no hacer publicidad, organizó un concurso para premiar al anciano cuya vida hubiera sido más auténtica. El jurado eran los mismos ancianos que participaban. Ellos mismos le ponían nota a su propia vida. El tercer premio recayó en alguien que había vivido sumergido en una constante aventura, viajando por todo el mundo, arrostrando riesgos sin fin y viviendo experiencias sumamente intensas. Se puso un 9'50.

   El segundo premio fue para un mujeriego. Decía haber conquistado a cientos de mujeres en su vida y gozado el lecho de las esposas de hombres poderosos, princesas desesperadas y hasta reinas. Como no podía ser menos en alguien como él, se puso una nota altísima, un 9'99.

   El primer premio fue para alguien muy modesto que, no obstante, se puso un 10. Era un hombre de 85 años que confesaba que había vivido una vida muy tranquila, casi siempre en su oficina, pero que amó desmedidamente a su mujer. A todas horas había dirigido su pensamiento hacia ella, estuviera donde estuviera, porque era la realidad que más gozo le había hecho sentir en toda su existencia. Su esposa había sido lo más importante que había tenido y lo más extraordinario. Cuando terminó de exponer lo mucho que había querido a su mujer durante su vida, sus ojos se llenaron de lágrimas, que rodaron por su cara contraída por los sollozos y dijo:

   -Esta mañana, al fin ha reconocido que está enamorada de mí...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por su comentario