7 de enero de 2013

Diez microrrelatos sobre la felicidad (VII)

A Isabela Dávila

   El misionero, que enseñaba a los niños a escribir y les transmitía los preceptos del catolicismo, un día que se encontraba sin ganas de dar clase porque apretaba mucho el calor y quería dormitar un poco en su asiento. Les puso a los niños un ejercicio con dos preguntas. La primera era qué actividades les hacían más felices y la segunda, cuáles les gustaba menos hacer.

   Kwame, un niño muy inteligente redactó las dos respuestas en diez minutos, por lo que, al ir a entregárselas al misionero,  hubo de zarandearle los hombros para despertarlo e interrumpió un sueño recién comenzado, lo que le hizo torcer el gesto con ira y arrearle un cachete. 

   -¡No me toques, Kwame! -dijo a modo de excusa por el cachete-. Al maestro hay que tenerle un respeto. ¿No sabes que un maestro es como un padre?

   Entonces leyó las respuestas y vio que decía la primera:


   "Lo que más feliz me hace es ser bueno"
   Y la segunda:

"Lo que menos me gusta es cuando jugamos a que somos malos"

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