2 de enero de 2013

Diez microrrelatos sobre la felicidad (II)

A Isabela Dávila

   Adrián estaba haciendo la maleta con lágrimas en los ojos. En otra habitación, oculta para que no le viera Adrián, estaba Eva, llorando también con amargura. Cuando Adrián ya estaba preparado para marcharse, buscó a Eva y, como no la encontró, la llamó. Eva se secó las lágrimas y salió del cuarto en el que había estado llorando.

   -Siento que esto haya acabado así -dijo Adrián-. Me hubiera gustado que lo nuestro hubiera durado toda la vida...

   Eva puso una expresión de desconcierto.

   -¿En serio lo dices? -dijo.

   -Bueno, Eva, no vuelvas a sacar tu sarcasmo. Sabes de sobra que te quiero con locura -dijo Adrián.

   -Adrián, yo no he sido sarcástica en mi vida. Si tanto me quieres, ¿por qué te vas?

   -Me voy porque tú no sientes lo mismo por mí -respondió Adrián-. Creo que no hay duda alguna...

   -¿Y cómo has sacado esa conclusión? -preguntó Eva.

   -Tu sarcasmo, Eva, tu duro sarcasmo -respondió Adrián-. Siempre estás diciendo lo contrario de lo que quieres dar a entender para hacerme daño porque sabes que tengo poca autoestima. Pero no sé por qué estoy hablando contigo si no haces más que reírte de mí. Adiós...

   -Adrián, un momento... -dijo Eva-. Por favor, un momento. Estás poniendo excusas, yo no he sido sarcástica en mi vida, te lo repito. Te vas porque no me amas. Soy demasiado delgada y te gustan las chicas con algunos kilos de más... 

   Las últimas palabras las dijo con la voz quebrada y una lágrima le cayó por la mejilla.

   -Eva -dijo Adrián dejando caer la maleta al suelo con expresión atónita-. ¿Seguro que nunca has sido sarcástica? 

   Eva calló completamente estupefacta.

   -Eva, te aseguro que a mí las chicas delgadas me encantan, no tengo ningún problema con ellas...

  -¿Entonces...? -dijo Eva, pasmada.

   Adrián se precipitó hacia Eva y la abrazó y besó apasionadamente. 

   -Eva, amor mío... -dijo mientras le rozaba la frente con su mejilla-. Vamos a ser felices a partir de ahora. Basta de pensar que no nos merecemos la felicidad...

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