30 de enero de 2013

Diez microrrelatos para no usar mal la inteligencia (X)

A Isabela Dávila

   -¿Carecemos los humanos de instinto afectivo? ¿Podrían educarnos para vivir en un mundo perfecto pero sin sentimientos? -preguntó a su compañero médico un escalador contemplando el valle desde el pico montañoso que acababan de conquistar.

   -Ya lo han hecho -respondió el compañero-. El mundo en que vivimos ha olvidado los sentimientos, nos movemos por intereses triviales pero eso no significa que hayamos nacido sin un instinto para amar.

   -¿Y cómo explicas que todos estén tan felices pese a que ese instinto no se satisfaga?

   -No somos felices, solo conocemos una mezquina forma de satisfacción que debemos al disfrute de comodidades y elementos que nos transmiten una falsa sensación de inmortalidad pero la auténtica felicidad, la razón de ser que mueve nuestro corazón, eso ha volado de nuestro mundo. La gente aguanta porque su inteligencia les enfría los sentimientos. El enésimo libro que leen sobre cómo hacerse rico en un año o el enésimo programa de televisión que ven donde se ensalzan los caminos más tópicos del éxito personal acaba por aletargar cualquiera de sus ansias de amor, libertad e individualidad.

   -¿Quién ha tenido la culpa de esto?

   El médico miró hacia el oeste, donde se estaba ocultando el sol, y calló unos instantes. Luego respondió: 

   -El inventor del fuego, Gonzalo.

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