29 de enero de 2013

Diez microrrelatos para no usar mal la inteligencia (IX)

A Isabela Dávila

   El obispo clamaba en el púlpito con energía el día de la fiesta patronal. El alcalde y demás autoridades ocupaban los asientos de primera fila.

   -Advirtió Jesús contra los fornicadores, contra los perezosos, contra los glotones y bebedores... -decía el obispo-. Pero meditemos un momento: ¿por qué contra estos? ¿Qué tiene de malo fornicar, no hacer nada o comer y beber si es lo que le gusta a todo el mundo? Pues, hermanos, la respuesta es que la inextricable voluntad del Señor ha hecho al hombre de carne siendo un material este del que abomina. ¿Qué más bello misterio habría que este si no existiera ese otro tan profundo y lleno de significado para todo el mundo del nacimiento virginal del hijo de Dios?

   Entonces, el concejal de urbanismo acercó su boca al oído del alcalde y le dijo en voz baja: 

   -Dios lleva sus cuentas como nosotros. Es la única manera de que todos obedezcan más o menos contentos.

   -O de fastidiarlos a todos -dijo el alcalde con un risita jactanciosa pero desganada porque las encuestas iban fatal.

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