24 de enero de 2013

Diez microrrelatos para no usar mal la inteligencia (IV)

A Isabela Dávila

   El doctor Hurtado mostraba a sus alumnos en la sala de anatomía las partes del cerebro. 

   -Esta parte externa es el Neocortex -les decía señalando la capa más exterior del corte transversal de un cerebro humano-. Gracias a esto, los seres humanos tenemos aptitud para los comportamientos delicados, para las matemáticas, la ciencia, la política y cualquier cosa para la que utilicemos la inteligencia. Y lo de más abajo es el cerebro que hemos heredado de los reptiles, de un antepasado nuestro intermedio entre los dinosaurios y los mamíferos. A esto le debemos nuestros instintos más bárbaros. La violencia, la ira, la lujuria, el fanatismo... Cosas todas estas propias de los reptiles. 

   Ricardo Ortega, que estudiaba Medicina solo por obcecación de su padre, que quería que fuera el médico número catorce de la familia para redondear y conjurar el maleficio del trece, al escuchar estas palabras de Hurtado, dijo: 

   -Pues manda narices que, gracias a la inteligencia que nos da el Neocortex, tengamos con los cocodrilos la delicadeza de convertirlos en bolsos de señora.

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