21 de enero de 2013

Diez microrrelatos para no usar mal la inteligencia (I)

A Isabela Dávila

   -A ver, ¡¿está o no está el noventa y cuatro?! -dijo con irritación el funcionario de la mesa número tres.

   Un hombre apocado y tímido se abrió paso entre la multitud mientras gritaba:

   -Sí, sí, aquí...

   Mientras llegaba, decía el funcionario en voz alta:

   -¡Pues dese prisa, por Dios, que mire el gentío que hay hoy!

   El noventa y cuatro, temeroso del resultado de su negocio a la vista del mal carácter del funcionario, se puso aún más cohibido de lo que era y dijo: 

   -Perdóneme usted, es que, cuando estoy nervioso, me distraigo.

   -Bueno, bueno. Tampoco se ponga así. Yo no soy quién para perdonarle a usted; fíjese si no, fíjese con qué número más bonito ha venido.

   

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