15 de diciembre de 2012

Seis microrrelatos sobre la responsabilidad (II)

A Susana Escarabajal Magaña

   El párroco se confesaba con el obispo con estas palabras:

   -Hay veces, verdaderamente, Excelentísimo Señor, en que quisiera no cargar con las almas de mi parroquia. En esas ocasiones, creo que por mi alma pecadora, quisiera dejar que se fueran todos al infierno y descansar, descansar... 

   El párroco calló y el obispo, tras varios segundos de silencio, dijo enormemente molesto: 

   -¡Padre, venga, venga... pecados, pecados... que no tenemos todo el día! ¡Antes nos vamos al infierno que aguantar esta pesadez!

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