24 de diciembre de 2012

Seis microrrelatos sobre la imaginación (V)

A Saoirse Jignesh

   Era un viejo amigo de la familia que acababa de llegar de un viaje. Había estado en cinco lugares de Europa y también en Sumatra y Java antes de volar a Wyoming para ver la Torre del Diablo que se veía en la película Encuentros en la Tercera Fase. Era un domingo por la tarde y estaba toda la familia en el salón. El pequeño de la casa estaba en el suelo jugando con su microscopio y la hija viendo la película. El matrimonio hablaba con el visitante. La mujer, Silvia, dijo: 

   -Debe ser excitante recorrer tantos lugares en tan pocos días... Estarás deseando repetir la experiencia.

   -En absoluto -dijo el viajero arrellanándose en el sofá con expresión de fastidio-. El mundo es solo mundo. Estar en un sitio es como estar en todos, no hay nada nuevo bajo el sol, Silvia. Donde mejor se está es en donde vives; así, al menos tienes con quien hablar -y, como ya se había hablado de sobra de su viaje, por cambiar de tema, dirigió su mirada hacia el niño y dijo:-. ¿Qué haces, Jorgito? ¿No quieres contarme nada?

   -¡Bueno, no quieres tú nada...! -dijo la mujer-. Desde que Alberto le compró el microscopio y se dio cuenta de las cosas que hay en un grano de pimienta, no le podemos separar del chisme.

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