21 de diciembre de 2012

Seis microrrelatos sobre la imaginación (II)

A Nora Francucci

   Cuando los ordenadores alcanzaron un nivel de perfección imposible de superar, los científicos decían que estos artefactos eran ya tan proteicos y versátiles como la misma vida o incluso más aún. Pero alguien les respondió que, para que fueran tan versátiles como la vida misma, les faltaba un último escalón: la versatilidad de su versatilidad y lo explicó diciendo que ningún robot tenía la más remota noción de lo que era un lunes.

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