31 de diciembre de 2012

Seis microrrelatos sobre la bondad (VI)

A María José Valverde

   El Diablo, se fue a las puertas del Cielo a curiosear mientras se echaba un cigarrillo para descansar de sus tentaciones, posesiones y torturas varias. Estuvo muy atentamente observando la purga de almas que hacía San Pedro y, cuando la afluencia de almas se detuvo un poco, se acercó a él y le dijo:

   -A la buena paz...

   -Hola, Satanás, ¿qué hay de nuevo?

   -Na', mucho trabajo... Oye, toma la jubilación ya, jefe. ¿Estás lelo o qué? ¿Cómo se te ocurre dejar que pase un alma que se comportó en el mundo con soberbia y a la que venía detrás de él de un santo hombre que se había dedicado toda su vida a ayudar a los más necesitados me la mandas al Infierno? Tú te has olvidado del Evangelio o te has arrimado una cogorza de mírame y no me toques...

   -Ay, Satanás, lo tuyo son las formas, lo tengo claro... Ese hombre que dices que dedicó su vida a ayudar a los necesitados, los convirtió en realidad en esclavos. Fue un clérigo que daba de comer a los cristianos pobres y con sus palabras metía en las almas de aquellos a quienes ayudaba los remordimientos, el odio a sí mismos y el miedo al pecado. Alimentó sus cuerpos pero mató sus almas haciéndoles creer en un dios triste que amaba la muerte. El alma soberbia de la que me hablas, en cambio, ganó en la Tierra su fama de soberbio por indignarse justamente una y otra vez contra las blandas cadenas de la legión de espíritus crueles que, con cobardía, desahogan sus ansias de humillar y someter con la misma mano que tienden y que, con un falso sentido de la responsabilidad y carentes de imaginación, apagan en las almas en las que influyen cuanta vida, amor, belleza y bien auténticos brotan en ellas. Le consideraron soberbio en la Tierra pero aquí sabemos que es un alma entregada por completo al Bien y verá un que otro partido en el palco con el Creador.

   El diablo, arrugando el morro, asintió como sorprendido por lo paradójico de las revelaciones de San Pedro y dijo:

   -No te diré que no pero pa' mí que lo que dice el Catecismo es lo que vale...

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