24 de noviembre de 2012

Cuando murió el orgullo

A Isi Dávila

"Yo sé que existo
porque tu me imaginas..."

-Muerte en el Olvido, Ángel González-

   Marcos Montilla, desde que era un niño, vivía obsesionado con la idea de que no era amado por nadie. Cuando sus otros hermanos o sus amigos conversaban alegre y animadamente o jugaban o bromeaban llenos de complicidad, él se hacía a un lado, dolido porque imaginaba que era excluido por ellos y que solo le ofrecían un trato afectuoso cuando estaba a solas con cada uno de ellos por separado.

   Su humor, por esto, se fue agriando con los años. No conseguía el amor de ninguna mujer, según él, porque había en su aspecto físico o en su personalidad algo que las repelía. En realidad, había dejado escapar muchísimas oportunidades convencido de que las mujeres con las que iniciaba una relación o que empezaba a conocer jamás llegarían a amarle y de que todo lo que les inspiraba era frío y desprecio.Hasta que llegó un día el amor de verdad.

   Isabel era una desconocida que descubrió en internet. Con el tiempo y el trato continuado pero restringido al medio cibernético, Marcos se enamoró vivamente de ella a sus 47 años. Su corazón, sediento de afecto, halló un remanso de dulzura en aquella mujer, que sentía apacible y bondadosa, sencilla e inteligente, hermosa y delicada, y le declaró su amor de la forma más apasionada. Ella, vencida al fin por sus ruegos, le abrió su corazón.

   Marcos, hecho al rencor, al sufrimiento, al desamor, a la frustración más amarga, a ver pasar la vida sin el calor de un afecto, hizo ver entonces su faz más sombría. Una semana después de que ella accediera a corresponder a su amor, habló con una amiga de Isabel en internet. Cuando le preguntó dónde vivía, la amiga le dijo que era de Alemania y que siempre había vivido en ese país. Esta revelación, en apariencia inocua, en la mente de Marcos adquirió la magnitud de un seísmo emocional. Isabel siempre le había dicho que era amiga íntima de ella de toda la vida y, sin embargo, sabía, porque se lo había dicho, que nunca había estado en Europa.

   Inmediatamente, abrió su correo y escribió este email en medio de la mayor desesperación y el dolor más profundo:

   "¿Quisiera saber quién se esconde en realidad tras la máscara de esa mujer tan bondadosa y tierna que me ha enamorado estos últimos ocho meses. Mi vida ha sido un infierno de soledad, he despertado el desprecio de la Humanidad, siendo no más que uno de su misma especie, aunque el más desafortunado de todos. Pero en ti había visto alguien que había curado mis llagas cuando más dolor me estaban produciendo. Ahora veo claramente la auténtica cara que, representados por ti, muestran mis semejantes ante la fragilidad de los que, como yo, anhelamos el amor en este mundo tan duro y frío. La de la crueldad más absoluta y el sarcasmo más desolador. 
   "Has destruido mi vida, has destrozado mi corazón. No sé quién eres en realidad. Tu amiga Helga ha vivido siempre en Alemania, por lo que, si tú fueras argentina, no podrías haber establecido una amistad íntima con ella. Me has mentido, Isabel, si es que te llamas así, que sospecho que no. Te has reído a gusto de mis sentimientos. Yo solo puedo entregarme ya al anhelo de la muerte, que mi cobardía me impide procurarme por medios directos. Solo espero que me llegue pronto pues la vida se me ha hecho ya tediosa y mi impaciencia por terminar con este tedio me está exasperando."

   Marcos envió este email a la dirección de Isabel y esperó todo un día la respuesta. Pero esa respuesta no llegó ni al día siguiente ni al otro ni a la semana siguiente. Marcos no había olvidado su amor. Y, en medio de su dolor, reflexionó y comprendió que su reacción había sido irracional. Isabel podía haberse convertido en amiga íntima de Helga de la misma manera que él se había enamorado de Isabel solo a través de internet. El hecho de que Isabel no respondiera quizá podría añadir un grado de culpabilidad a sus sospechas contra ella pero él decidió, por una vez en su vida, conceder una oportunidad al amor. No importaban ya las razones por las que durante toda su vida había sospechado que era odiado por todos, ni si había auténticos motivos de peso para no ser amado por los demás, no le importaba ya no ser amado por las mujeres, ni tan siquiera por Isabel. El amor verdadero, el que está más allá de toda condición, el que da la libertad al espíritu, se le representó de pronto como algo mucho más relevante por sí mismo que las compensaciones que pudiera obtener de los demás por ese sentimiento.

   Creyó necesario para sí mismo, para su felicidad, usar de la generosidad suprema y, fuera Isabel quien fuera, volver a demostrarle su afecto e incluso hacer mayor que antes el grado de apasionamiento con que lo hacía. Sintió, en su alma iluminada por el amor, en un primer movimiento de su imaginación, que Isabel necesitaba ser amada por él. Decidido a complacer a quien empezaba a amar sin interés alguno con toda la fuerza de su corazón abierto de repente, por primera vez en su vida, a la generosidad, le escribió un nuevo email:

   "Isabel, mi tierna niña, vuelve, por favor. Regresa, te lo ruego. Sé que me amas y que estás, sin embargo enojada conmigo..."

    Pero Isabel no respondió. Marcos, siempre usando su imaginación para construir el amor que soñaba sobre la base de una realidad insegura, como lo es siempre la realidad en cualquier circunstancia en que se mueva un ser humano, decidió que Isabel deseaba que le siguiera escribiendo y, a los dos días, le escribió un nuevo email:

   "Isabel, es ya otoño en España. Los árboles del parque están dejando caer las hojas. Te parecerá una imagen tópica pero el corazón no tiene muchas cosas diferentes en las que fijarse en el mundo y, las hojas caídas me recuerdan que el dolor de morir y dejar este mundo es para los que no han conocido un amor como el nuestro porque este amor que yo te tengo y tú me tienes no dejará que muramos nunca. Tú eres mi rama y yo tu hoja y siempre estaremos unidos, nada nos separará jamas, estamos soldados por el corazón..."

   Isabel tampoco contestó a este email. Marcos decidió creer que Isabel leía estos mensajes y siguió escribiéndoselos.

   "Isabel, eres tan bondadosa y sencilla como las margaritas. Quisiera abrazarte con fuerza, para fundirme con ese alma maravillosa y hermosa que tienes..."

   Pasaban las semanas sin que Isabel diera muestra alguna de haber leído lo que él le escribía pero el quería a esa chica, sí, a esa amiga íntima de Helga, a la apacible, inteligente, hermosa y delicada Isabel.

   "Isabel, la Navidad está al caer. Alguna vez celebraremos juntos la Nochebuena. Cuando aun sean niños, nuestros hijos estarán nerviosos esperando a Papá Noel. No sé cómo vamos a hacer para que ese personaje respetable los coja dormidos cuando llegue..."

   Isabel no respondió ni en diciembre, ni en enero, ni en febrero pero Marcos seguía enviandole emails llenos de amor y pasión.

   "Isabel, te quiero tanto y estoy tan feliz de que hayas llegado a mi vida que la oscuridad que había antaño en mi vida se ha transformado en alegría y luz. Serás mi esposa algún día. Te seré siempre fiel y jamás te abandonaré. El cielo nos hizo hermanos y nacimos para unirnos y no separarnos jamás en la vida..."

   La primavera llegó y Marcos seguía escribiendo emails encendidos de amor pese a que Isabel no contestaba.

   "Isabel, amor mío, no puedo pasar sin ti. Me haces feliz, inmensamente feliz. Eres la mujer más maravillosa de este mundo. Te amo con todo mi corazón..."

   A finales de abril, Marcos recibió un email de Isabel. En él le decía que era la persona más extraordinaria que había conocido jamás y que, si había retardado su respuesta era porque le había confundido extremadamente la imagen que había demostrado tener de ella aquel lejano día en que le recriminó su falsedad y había necesitado mucho tiempo antes de volver a creer en él.

2 comentarios:

Gracias por su comentario