18 de octubre de 2012

Enemigo público

A Gloria Zúñiga

John Farmer dio un respiro cuando el médico certificó la muerte del condenado y se arrellanó en la butaca. 

-Es mi deber de ciudadano venir -dijo a su compañero de asiento, Elver Macintosh- pero lo paso fatal viendo esto cada vez -y dio un respingo como el que sufre un escalofrío.

-¿Por qué demonios le han ejecutado? -preguntó Elver-. Matar lo puede hacer cualquiera. Una señorita muy guapa y agradable estuvo a punto de atropellarme hace dos días porque se estaba pintando los labios mientras conducía, eso también es matar...

-Eso sería homicidio -respondió John-. Lo de este sujeto era asesinato, lo que implica alevosía, precio y ensañamiento... y no de un ser humano ni dos. Había matado fríamente a media docena de personas, Elver.

-Por cierto, John -dijo Elver a continuación-, ¿cuántas ejecuciones llevamos en el estado de Texas en lo que va de siglo?

-Muchas... no tengo ni idea -respondió John-. El otro día leí en el periódico que del 76 al 2006 ha habido 370.

Elver primero y John después, en el silencio meditativo que vino a continuación, compararon esta última cifra con la media docena del hombre que acababan de ejecutar y, durante unos segundos, sin atreverse a confesarlo el uno al otro, pensaron lo mismo: que el enemigo público número uno de Texas era su Estado.


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