25 de octubre de 2012

El amor no se olvida nunca

A Cleopatra Smith

   Elsa abrió la puerta a su marido. Fernando antes de entrar le dijo:

   -He venido para hablar sobre nosotros.

   -Pasa -respondió ella-. Pero no hay nada que hablar, no soporto una discusión más.

   Fernando y Elsa pasaron al salón y se sentaron uno frente al otro.

   -Elsa, quiero que volvamos a vivir juntos -dijo Fernando-. He reflexionado. Ninguno de los dos hemos cometido ningún crimen. Tenemos que seguir disfrutando de nuestro amor. Ella se ha ido, Elsa, pero nuestro amor no ha sido el culpable y no debe ser reprimido como acto de justicia.

   -Puede que sea verdad -dijo Elsa-, pero ya no me importa el amor ni me importa la vida. Al morir nuestra hija, se acabó todo para mí. No quiero ser feliz, mi hija ya no está aquí y eso es lo peor que me podría haber pasado. Ella ahora no es feliz, ¿por qué lo tengo que ser yo?

   -Elsa, ¿no te das cuenta de que tras ese pensamiento no hay más que un mezquino egoísmo? La felicidad es una obligación de cada ser humano. Nos permite el mayor gozo pero no consiste en recibir nada sino en la generosidad de nuestro corazón, en darnos a lo otro. Si renuncias al amor, no estás renunciando a tu propio interés, estás negándote a cumplir con tu deber de persona, que es darte con generosidad a los demás.

   -Fernando, déjame tranquila. Lidia ha muerto y mis sentimientos por ti se han enfriado. Esa es la realidad. Yo me levantaba cada día de la cama pensando en mi hija, respiraba por ella, vivía por ella. Pero ahora está muerta y todo se ha acabado. Al menos, en muchísimos años no podré volver a conocer la felicidad porque ella era quien me la daba y daba sentido a todo lo demás.

   Fernando agachó la cabeza unos instantes meditando y luego la volvió a levantar con una sonrisa en sus labios. Y entonces dijo:

   -Elsa, yo en cambio te sigo amando y te amaré hasta que muera. Esperaré cuanto sea necesario hasta que decidas que puedo volver contigo y, aun cuando no puedas darme tu amor nunca más, yo jamás olvidaré lo que siento por ti. El amor verdadero es felicidad, nunca dolor. El dolor solo aparece cuando se ama con egoísmo, con interés. Sufrí por la muerte de Lidia y sigo sufriendo pero la felicidad que ella me inspiró sigue estando en mi corazón y lo estará siempre porque era amor y el amor no se olvida nunca. Ahora estás confusa pero sé que no eres egoísta, por eso te amo tanto, por eso te esperaré hasta el último de mis días si fuera necesario.

   Fernando se levantó y salió a la calle.

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