6 de septiembre de 2012

Una noche de domingo

A Isi Dávila

"Yo amo a Cristo y sé que tengo que volver la otra mejilla". Marcos recordaba durante la cena la confesión de una de las feligresas.

-Sin querer, a veces, me viene un odio muy grande contra mi marido porque no me respeta. Me da muchos golpes y me tiene como una basura. Sé que mi deber es sentir piedad por él. Yo amo a Cristo y sé que tengo que volver la otra mejilla.

Habría querido decirle que esas palabras estaban sacadas de contexto, pero ¿desde cuándo los textos sagrados tienen contexto? La había dejado ir sin darle un consejo para que actuara; eso era tanto como convertirse en cómplice de un delito de maltrato doméstico. Las sagradas escrituras estaban llenas de llamamientos a la resignación y a la tolerancia del sufrimiento. Ahora pensaba en el beneficio que el mensaje de Cristo había traído a los hombres. Estos seguían siendo perversos en su mayoría; las almas no habían asimilado a Cristo. El mundo terrenal seguía siendo un infierno para la mayoría de los seres humanos. No importaba, solo importaba la salvación de las almas; pero en eso también había fracasado Jesús. Los hombres no amaban a sus semejantes...

¡Pero qué poco considerada es esta ama de llaves! ¡Creerá que no soy un hombre como los demás! Pilar llevaba demasiado escote aquella noche. Pero esto es obra de Dios. Quiere que mis dudas se purguen con la penitencia del sufrimiento que me causa siempre la tentación concupiscente. Yo solo quisiera agarrar su mano... ¡Dios mío, a ti te ofrezco este suplicio! Ya me encuentro mejor. No soy amigo del pecado... Está muy sabrosa esta carne. Esta Eva sabe lo que me gusta. No le pregunto nunca dónde compra los alimentos. Seguramente en el supermercado, sería una pregunta tonta. 

Volver la otra mejilla... ¿Pero y los que son débiles y no pueden obedecer a Dios? Ellos siempre causarán sufrimiento a los seres justos. Los justos se llevan la peor parte; Dios no les ha dejado herramientas para mitigar su sufrimiento... Su reino no es de este mundo. Pero los hombres sí somos suyos. Debería aliviar nuestra carga, hacer más ligero su yugo para los que le seguimos. Quizá en la mano de los Evangelistas habló el Diablo al mismo tiempo que el Espíritu Santo. Ellos eran hombres, solo hombres cargados de pecados como cualquiera. Quizá también había debilidad en sus corazones. A lo mejor, el Diablo se metió en las Escrituras y es a él a quien debemos el sufrimiento y la condenación de tantas almas que no comprenden el mensaje de Cristo. 

Cristo predicó el amor pero en las Escrituras falta amor, el corazón se queda entristecido cuando las lee. El amor es gozoso, es la mayor fuente de felicidad que hay en el mundo pero en las Escrituras solo hay tristeza. Ser feliz no hace daño a Dios porque no se lo hace a nuestros semejantes, entonces ¿a qué viene pedirnos dolor y más dolor? ¿Por qué beneficia eso en el Reino de Dios? Más bien parece que es al Diablo que habita este mundo al que beneficia porque deja sin castigo a los malvados, que reciben la otra mejilla por toda respuesta.

Eva es muy guapa. No sé cómo se atreve a estar en mi casa a estas horas de la noche. La necesidad aprieta. Le doy un buen sueldo.

-¿Eva, tienes novio?

-Sí.

-¿Desde hace mucho?

-Seis meses.

Los que me quieren no pueden pensar en serio que me hace bien el sufrimiento y las estrecheces del camino. Ellos quieren lo mejor para mí. Quieren felicidad para mí en el Reino de los Cielos pero también en este mundo. 

-¿Pecas con él?

-No, caricias... algún beso... 

-No, eso no llega a ser pecado. Aunque todo depende de lo sucio que lo veas tú.

El sufrimiento que viene del deseo caprichoso y la falsa necesidad no me preocupa en absoluto pero ¿y cuando las personas carecen de lo que necesitan porque se lo arrebatan los malvados? ¿Por qué nos pide Cristo volver la otra mejilla?

-¿Puedo retirarme ya, padre? 

-Sí, Eva, sí... llevas un vestido muy bonito, tu novio se va a alegrar mucho al verte. 

-Me parece que no. Mi novio casi siempre está enfadado. Es muy celoso. 

Marcos tuvo un estremecimiento. Dejó la comida y mecánicamente se levantó de la mesa. 

-No le consientas que te haga su propiedad, Eva. Déjale que te ame pero tu dueño sólo es Dios. 

-¡Qué va, don Marcos! Si es porque me quiere mucho... 

Siempre el diablo haciendo pasar por amor su maldad...

-Eva, quien te quiere de verdad solo quiere que seas feliz, no quiere nada más de ti...  

Esta noche no me encuentro bien. He pensado cosas terribles de las Escrituras. Todo son dudas esta noche tan fría. ¿Y si mañana cuando amanezca sigo dudando? ¿Qué voy a hacer si eso ocurre? Si me pasa eso, ¿qué camino seguiré a partir de entonces? Yo lo encontraré. Si Dios existe, su doctrina ha de estar escrita en mi corazón.

2 comentarios:

  1. Invita mucho a la reflexión, quien no se ha cuestionado nunca este tema tan controvertido. Soy de la opinión que no hay que seguir al pie de la letra una doctrina, hay que ser fiel a la buena intuición, sabemos perfectamente como se ha de utilizar el bien y donde esta el mal. Gracias Luís, me ha gustado. Mónica Benítez.

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