10 de septiembre de 2012

Seis microrrelatos para promover la generosidad (I)


A la entrañable Eya Jlassi 

Sī Xīn no hacía nada que no le reportara un beneficio material a él mismo. Es por esto que, al final de su vida, no tenía una casa de bambú sino un castillo para él solo, ni una saca de arroz para comer sino miles de sacas de arroz y todo tipo de manjares en abundancia, ni un par de sandalias rotas sino veinte caballos de los mejores de China que le llevaban a todas partes, ni un cuenco para comer en una pequeña estancia con suelo de tierra, sino un salón lujoso y una vajilla de oro, ni un hermoso corazón cultivado por el amor sino un pecho vacío asiento solo de soledad, insatisfacción y amargura.

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