8 de septiembre de 2012

María Petra

A Eloy Sagüillo Rodríguez

José, el padre de una familia muy desestructurada, estaba intentando dormir la siesta porque había trasnochado, como era su costumbre, pues trabajaba en el mismo horario que los vigilantes nocturnos. Pero, cruzando unas palabras con su hijo Manuel de 11 años, se enteró de que su hija María Petra había quedado embarazada. Entonces, lleno de furia, se levantó del colchón y gritó:

-¡Ay, prustituta...! ¡Te voy a matar, marrana!

María Petra, que estaba con su madre en la puerta de la chabola, se puso pálida y con el rostro desencajado. Su madre, por librarla de una paliza segura, en la desesperación y urgencia del momento, sólo acertó a decir:

-Muérete, hija.

-¡¿Qué?! -preguntó María Petra al borde del colapso.

-¡Que te hagas la muerta! -dijo su madre-. Así le darás lástima, se le enternecerá el corazón y se olvidará de que está resentido. No te levantes hasta que yo te diga: "por Dios, hija"

María Petra se tiró en el suelo con las piernas bien abiertas, como había visto morir a un pistolero que vio en una película en la tele de un bar. Entonces, salió su padre. Sólo llevaba la ropa interior y se le veía parte de su desnudez porque, además de los agujeros del calzoncillo, la cinta elástica de la cintura estaba rota. Cuando José vio a su esposa arrodillada en el suelo con las manos juntas y llorando desesperadamente, dijo:

-¿Qué le ha pasao?

-Ha caído redonda al suelo -contestó la madre con un hilillo de voz llorosa-; yo creo que se ha muerto...

-Como no sea verdad -dijo José-, me voy a cagar en su padre.

-¡Ay, José, qué cosas tienes! -dijo la madre llorando más fuerte-. ¿Tu hijita que puede estar muerta y tú cagándote en el hombre que le dio la vida? No tienes corazón, José...

-¿Ahora que iba a dormir la siesta, carga a la nena en brazos y llévala a urgencias...? Si no se ha muerto de verdad, yo haré que sea verdad.

La madre decidió cambiar de estrategia. 

-Hija mía, hija mía -decía besando el rostro de su hija-, con la alegría que yo tenía por el buen casamiento que ibas a hacer...

-¿Buen casamiento? -preguntó el padre.

-¡Sí, burro! -dijo la madre cambiando a un tono mucho más desenfadado-. La ha dejado preñada el Joaquín el de los Morotos, los que viven en Jaramillo de la Fuente, los que tienen a una prima tuya casada con el hijo del medio. 

-¡Ay, hija mía! -exclamó, entonces, el padre comenzando a llorar también-. ¡Tus pocos años, festín de la negra muerte...!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por su comentario