17 de septiembre de 2012

Los problemas de Koldo

A Isi Dávila

   Su amor por aquella amiga que había conocido en una convención de lingüistas y con la que solo podía mantenerse en contacto por internet porque trabajaba al otro lado del océano Atlántico era desbordante. Recordaba con el más intenso sentimiento de agradecimiento hacia un ser humano el momento en que se conocieron del que ya habían pasado meses: aquella sonrisa reflejándose en los hermosos ojos de ella y aquellas frases llenas de ternura que le dirigió tras volver del estrado cabizbajo y apesadumbrado porque, por un lapsus, había dicho, durante toda la conferencia que acababa de dar frente al aforo en pleno, silepsis en lugar de sinopsis.

   -No te pongas triste -le dijo ella desde el asiento de al lado-, ha sido una bonita conferencia; piensa que solo te has equivocado en una palabra,  eso es estar prácticamente impecable.

   La realidad literal era muy distinta porque esa única palabra había tergiversado todo el sentido de la conferencia. Su respuesta, por ello, fue de desaliento:

   -Soy un idiota, es lo que tengo, todos mis amigos lo saben...

   Ella, afable y delicadamente, le dijo entonces:

   -Mi nombre es Bianca Rosa, me encantaría ser de los que saben que eres idiota si de verdad es así. ¿Podemos ser amigos?

   Él, pese a su alto nivel académico, carecía de auténtica vida social. Vivía torturado por la creencia de que la gente de su alrededor tenía una imagen negativa de él. En su infancia, el criticismo de su entorno había habituado su mente a pensar que los seres humanos cargaban con un fardo de culpas e imperfecciones que les alejaban de los demás porque, según se había grabado en su mente, las personas no tenían una auténtica capacidad para transigir con los defectos ajenos. Pensaba que todos los seres humanos experimentaban hacia sus semejantes sentimientos, a lo sumo, llenos de tibieza y el amor apasionado no lo entendía más que como un estado de locura transitorio que tenía como objeto la sexualidad y no pasaba nunca más allá.

   Pero aquella muestra tan extraordinaria de generosidad que le daba Bianca Rosa al ofrecerle una amistad libre de intereses, tan pura como la de un niño, desmadejó todos sus esquemas sobre el afecto humano, que tan desgraciado le habían hecho, e inflamó hasta tal punto su afición hacia aquella mujer, andando los meses, que su corazón acabó albergando verdadero amor, no ya la amistad que ella había solicitado de él.

   -Me llamo Koldo -le había contestado él sonriente.

   Ella le había cogido las manos mientras le decía:

   -Mira hacia arriba y hacia tu izquierda cada vez que te encuentres mal, Koldo; mientras haces eso, es imposible que tu mente albergue pensamientos oscuros...

   Desde aquel día, con la excepción de los lógicos contratiempos que ocurren en la vida, Koldo comenzó a sentir como posible la felicidad y, de hecho, la vivía durante una gran parte de su tiempo, entregado a la contemplación del hermoso lazo de afecto que le unía a aquella amiga a la que su corazón había convertido en el ser más importante de cuantos conocía y el más amado.

   Pero había una parte de él que todavía no se apartaba de los oscuros prejuicios que había marcado en su alma su desdichada infancia. Caía ocasionalmente en episodios de hundimiento moral en los que no sólo temía no ser amado de un modo real, incluso por la adorable Bianca Rosa, sino que, pese a ser un privilegiado en un mundo donde la gente puede morir de hambre, donde las enfermedades más terribles son frecuentes y donde no todos tienen techo, amigos, conocimientos, familia o cuentan con la plena posesión de sus facultades físicas y psíquicas, cosas de las que él estaba libre, dudaba de que fuera en realidad un hombre afortunado y se atormentaba a sí mismo acusándose de ser alguien sin valor y digno del desprecio general.

   Aquellas ideas heredadas de su niñez en las que no había redención posible para los individuos humanos perturbaban su sentido de la realidad todavía en sus años de madurez y ni siquiera la vivencia novedosa de la felicidad que conocía ahora gracias a Bianca Rosa podía con aquellas ráfagas de pesimismo y melancolía que dichas ideas le hacían sufrir.

   En cierta ocasión, presa de este tipo de dudas tan dolorosas acerca de su dignidad, escribió un poema para su amada Bianca Rosa donde quiso expresarle el dolor que sentía por no ser digno de su amor, ya que ella, por motivos de trabajo exclusivamente, se negaba a darle algo más que su amistad. Se lo envió en un email donde le decía estas palabras:

   "Mi amadísima y venerada Bianca, mi alma buena, mi querida niña, sé que soy repugnante para ti, que mis requerimientos amorosos solo te causan una profunda y desagradable aversión. No soy más que un ser deplorable que no merece el amor de nadie, ni siquiera de un perro, ni siquiera de Dios, que me odia desmesuradamente puesto que me ha dado una vida miserable y solitaria, vacía del afecto de mis semejantes. Debes saber, no obstante, que te amo, que muero por ti y que, aunque no tengo esperanza de lograr tu amor, mi mayor y única dicha en este mundo es amarte con la misma generosidad con que me ofreciste tú la amistad aquel día que nos conocimos y abriste mi corazón al amor como nunca nadie lo había abierto. Con mi escaso talento, he compuesto un poema en honor a ti. Con él me despido hasta mañana.

   Tus ojos son rosas rojas
con una inmensa belleza
que me han cautivado el alma
que, enamorada, se quema.
Mas en tus labios encuentro
las espinas que ellas llevan
porque el amor que te pido
ellos siempre me lo niegan.
Mi pecho mana la sangre
por sus heridas abiertas;
no puedes, Bianca, quererme
y comprendo que no puedas;
es mi destino terrible
ser odiado por quienquiera." 

 Inmediatamente después de leer este email, Bianca sintió la urgente necesidad de escribir la respuesta, que fue de este estilo:

   "¿Por qué supones, hombre simple y cansino, que yo no te amo? ¿Solo tú tendrás la prerrogativa de la ternura? Soy tu amiga, ¿no es cierto? ¿Qué más quieres? Mira, ¿sabes lo que me parece? Que no sabes dejarte querer. Me temo que no te gusta ser amado; cada vez que alguien te dice que te quiere debe ser un duro golpe a tu orgullo. Estás tan acostumbrado a la idea de que eres una birria de persona que, cuando te dicen lo contrario, lo tomas ya como un insulto.
   "Si te refieres a conseguir de mí algo más que una gran amistad, ya sabes lo que pienso de ese tema. Eso me haría contraer obligaciones que entorpecerían mi trabajo y yo me debo a mi vocación ante todo. Sin embargo, la amistad que te ofrezco no merece tu menosprecio pues, en una amistad, cabe todo el amor que pueda necesitar un ser humano y, si, por el sexo, echas a perder la relación de amigos que nos une, te habrás perdido una gran oportunidad de ser feliz, que, como sabes, te he brindado libre de condiciones e intereses.
   "Decide, pues, de una vez lo que quieres de mí. Si amistad, tendrás mi afecto de por vida. Si una relación de pareja, no estoy en condiciones de ofrecértela."
   Koldo, tras leer esta misiva, escribió esta respuesta:

   "Eres lo más hermoso que he hallado en esta vida. Tu amistad, mi extraordinaria Bianca, me llena hasta tal punto que no necesito más en la vida. Por primera vez me has dicho que me amas y, para mí, no hay mayor motivo de felicidad que saberme amado por una criatura tan maravillosa como tú. ¿Que solo es amistad? ¿Qué importan las etiquetas? Lo importante es que ya no estoy solo porque habitas en mi corazón ahora.
   "Ahora sé, porque tus palabras han tenido la virtud de revelármelo, que he estado toda mi vida lamentando una soledad y un desprecio hacia mi persona que no eran más que un producto de mi imaginación alterada por los sentimientos de culpabilidad larvados a lo largo del tiempo. Sé que mis tristezas no tienen razón de ser porque poseo cuanto necesita un ser humano para ser feliz sin impedimento alguno. Sé que mi necesidad de afecto ha logrado contigo una entera satisfacción pues, amigos como somos los dos, tu me quieres y yo te quiero a ti más allá de toda duda.
   "Todo eso he llegado a comprenderlo. Pero dime, mi adorada Bianca, ¿me puedes asegurar sin género alguno de duda que si, en lugar de ser yo quien te requiere de amor, fuera  alguien tan atractivo como Robert Redford o con el sex appeal de Harrison Ford, no mandarías al diablo tu vocación?"
   Tras esto, Bianca Rosa considero a Koldo un caso perdido y le recomendó encarecidamente dar largos paseos por el campo para relajar sus meninges.

2 comentarios:

  1. Una cosa es dar consejos y otra amar a una persona.
    Pobre Koldo solo le queda relajarse las meninges.
    Me ha gustado tu entrada.

    un abrazo

    fus

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  2. No, Fus, yo creo que no hay que acostarse con una persona necesariamente para que nos haga feliz. Ella hasta puede ser que se case con Koldo cuando llegue su hora de dejar ese trabajo tan absorbente que tiene XD

    Un abrazo.

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Gracias por su comentario