15 de septiembre de 2012

Las estampitas


A Isabela Dávila Santillana 

Sonaría increíble pero así había sido: Atilio González, un comisario de Ciudad Juárez, acababa de ser engañado con el timo de la estampita. Paseaba con el perro por el parque cuando vio acercarse, sonriendo, a un niño con una bolsa de basura. Le ofreció un billete de 5 dólares americanos a cambio de 15 pesos. La criatura decía que aquello era una estampita muy bonita y que las vendía y que llevaba la bolsa llena de ellas y que se las vendía todas por 500 pesos. Atilio había echado mano de su billetero de piel de serpiente y le había comprado al niño aquellas equívocas estampitas, convencido de que estaba haciendo el negocio del mes.

Pero, cuando Atilio abrió la bolsa, ya desaparecido con una ágil carrera el niño, comprobó que no había más que papeles del diario local recortados en rectángulos y hechos paquetes de cincuenta.

Juan Ramón Gómez y su novia, Carmen Aguado, escucharon el grito de frustración de Atilio: 

-¡Ya te pillaré, marrano!

Se acercaron a él y Juan Ramón le dijo:

-Señor, ya nos fijamos en el niño cuando echó a correr. Ese chavo anda haciendo el timo de la estampita a las personas que andan por aquí. No sé cómo no le agarraron ya.

-Ese chavo es más listo que un policía -dijo, entonces, inocentemente, Carmen.

A Atilio, cuando escuchó esta última frase de Carmen, se le demudó el rostro, ante tan grave ofensa a su pundonor.

-¿Qué dice usted, señorita? -dijo Atilio con aspereza-. ¿Desde cuándo un niño es más listo que un policía?

-Ah, es que los policías de aquí no son más que niños tontos -continuó Carmen, ajena al mal humor del comisario.

-Sí -dijo Juan Ramón tras reír la gracia de su novia-. Les gustan mucho las estampitas...

Atilio, completamente enrojecido por la ira y ante el temor de que hubiera sido reconocido, exclamó:

-¡Quedan ustedes dos detenidos por atraco a mano armada! Acompáñenme a la comisaría...


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