23 de agosto de 2012

Seis microrrelatos comicopatéticos (V)

A Julia Siles


A María, todo el mundo sabía en el pueblo que se la había dejado el novio. Cuando se enteró de que salía ya con otra, se encerró en el cuarto de baño y cogió una cuchilla de afeitar de su hermano para cortarse las venas. Pero antes quiso dar un repaso rápido a su vida. Todo había sido dolor en su vida. Las palizas de su padre borracho, el abandono del instituto para alimentar a sus hermanos porque su padre había muerto de cirrosis hepática, la indigestión de gambas en la boda de su hermana mayor... No podía acordarse de nada bueno. 

-¡Ay, madre mía...! -se dijo de pronto-. ¡Si mañana tengo que plancharle las camisas a mi hermano, que se va de viaje con la orquesta municipal al certamen internacional de bandas de Palencia! ¿Cómo se va a ir este pobre con las camisas arrugadas? ¡Y lo que me fastidia a mí planchar...! Pero, si no lo hago yo, la Loreto ya sabemos cómo es... Que se lo den todo hecho, si pero, en cuanto tiene que hacer algo ella, ni siendo cosa de salvarle la vida a alguien te reconoce que hace falta hacerlo...

María lanzó al suelo la cuchilla mientras decía:

-¡Ay, Señor, qué vida más arrastrada! Ni matarme puedo.

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