20 de agosto de 2012

Seis microrrelatos comicopatéticos (IV)

A Bea Magaña

-Alicia, por favor, dame una oportunidad. Sabré hacerte feliz. Tienes que amarme. Puedes hacerlo... por favor... te lo suplico, ámame.

Alfredo gimoteaba como un niño frente a una mujer veinte años menor que él y extremadamente atractiva, que había al otro lado del mostrador de una tienda de ropa.

Alicia lo miró con los párpados medio entornados y dijo:

-Alfredo, ni yo soy una ONG ni el amor se puede dar por caridad. Búscate a una persona a la que gustes de verdad.

Alfredo abatió su rostro, se tapó los ojos con una mano y comenzó a sollozar.

-Muy bien -dijo entonces Alicia-, tú ganas. Voy a amarte este lunes, y del miércoles al viernes a las diez de la noche pero a cambio de que en cuanto pase esa hora ya no me quieras nada.

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