11 de agosto de 2012

¿Qué piensas?

A Beatriz Viña

La profesora Adela Núñez estaba de pie junto a la pizarra enseñando a sus alumnos a hacer raíces cuadradas cuando entró su colega de séptimo de EGB, Enrique. Este iba a pedirle un mechero para mostrar a sus alumnos un experimento de laboratorio pero, al verla tan hermosa aquella mañana, empalideció y tras aproximarse a ella aceleradamente, la cogió entre sus brazos y la besó apasionadamente en la boca. Ella se puso toda colorada y, mientras su colega volvía a salir precipitadamente de la clase, se arreglaba el pelo, que se le había revuelto durante el arrumaco. 

Los alumnos, después de la lógica carcajada general, sonreían maliciosamente a la señorita Adela. Ella, enfadada, preguntó a uno de ellos, que le miraba con expresión especialmente cáustica:

-¿Qué piensas, Fernando?

-Que ese profesor no es su novio de verdad -contestó Fernando.

-¡Fuera de clase pero ya! -gritó Adela con ira.

Mientras Fernando salía, la señorita Adela preguntó a una niña que había cruzado una mirada con su compañera de pupitre en la que, con toda evidencia, se percibía una cierta sorna:

-¿Y tú que piensas, Josefina?

Josefina respondió con tono un poco descarado:

-Nada... que las matemáticas calientan mucho... la cabeza.

-¡De cara a la pared media hora! ¡Y rápido! -gritó la profesora.

Los niños se habían puesto muy serios pero Pablo, uno de ellos, no había podido evitar reírse con el chiste de Josefina y aún estaba tratando de dominar su risa nerviosa. Adela se aproximó a él lentamente y, cuando al fin remitieron las repetidas carcajadas, le preguntó en un tono aparentemente tranquilo:

-¿Qué pensabas, Pablo? 

-Nada, señorita -respondió Pablo empalideciendo.

-Di, hombre; queremos reírnos todos porque esta mañana es la mañana de la diversión y la alegría... -dijo Adela y, con un tono más sombrío y amenazante que en la anterior ocasión, volvió a preguntar:- ¿Qué pensabas, Pedro?

-No sé... -respondió el niño mirando tristemente al suelo.

Adela, en ese momento, disparó su mano contra la mejilla de Pablo y volvió a la pizarra. Pero, cuando estaba escribiendo una ecuación con la tiza de espaldas a la clase, oyó la voz de Pablo llamándola:

-Señorita Adela...

Ella se volvió y dijo:

-¿Qué?

-A nosotros nos castiga solo por pensar pero a don Enrique, que ha sido el que le ha dado el beso, ¿qué le va a hacer?

2 comentarios:

  1. Muy hilarante!!!me ha encantado mucho.Los niños tienen una intelegencia impresionante.Por eso tenemos que respetarlos y cuidarlos.

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  2. Me alegro de haberte hecho reír, Nadia. Sí, desde la misma niñez ya debería educarse para la libertad y la pluralidad y nunca educarlos para que sean todos iguales sino cada uno con su propia personalidad. Un fuerte abrazo.

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