16 de agosto de 2012

El abogado

A Itziar D'Alma

Su madre, en el momento de darle a luz, sintió que aquellos nueve meses de molestias y dolores estaban teniendo un apropiado colofón aunque no por ello menos excesivo. Su cuerpo se estaba abriendo para expulsar lo que su abultado vientre escondía pero con tal dolor que a veces vacilaba su intención de acabar de sacarlo afuera. Cuando por fin escuchó el llanto del prodigioso niño, estaba tan exhausta que hasta los labios le temblaban al sonreírle.

Alfredo le dio a su madre noches de insoportable insomnio y días de desvelos al inicio de su vida. Cuando empezó a tomar la papilla, lloraba y renegaba de las cucharadas tanto que su madre enfermó de los nervios y contrajo fobia a los potitos. Tanto le fatigaba el niño cuando comenzó a andar y a poner infinitas veces en peligro los objetos de la casa y hasta a sí mismo que recordaba con nostalgia cuando acarreó piedras enormes para construir una ermita en el pueblo.

Al cabo del tiempo, cuando iba al colegio, su madre no paraba de limpiarle la ropa, hacerle meriendas, ayudarle en los deberes, reñirle y gritarle cada vez que se portaba mal y aconsejarle con firmeza y resolución cada vez que estaba triste. Sufría por sus notas y por los amigos que traía a casa, por cada tos y cada estornudo, por su rubor o su palidez, por lo que le contaba y lo que se callaba. Sufría por él lo mismo cuando sufría un poco que cuando estaba demasiado feliz, lo mismo cuando la enfadaba que cuando le despertaba ternura.

Al llegar a la adolescencia, se dolía de que, siendo todavía un niño ignorante, hubiera dejado de obedecerle. Hubo de inventarse un sinfín de estrategias y echar mano de trabajosas artimañas para que no fuera del todo por el mal camino. Aún así, cuando entró en la Universidad, no tuvieron límite las lágrimas que derramó porque su hijo quería ser abogado y no un bohemio soñador y poeta. Todo lo dejó pasar, no obstante, porque pensó que abogaría siempre por causas justas.

Pero, cuando acabó la carrera y el primer caso que aceptó fue como defensor de un maltratador de su esposa, su pobre madre echó a su hijo de casa, cambió la cerradura e hizo testamento para legar su patrimonio enteramente a una reserva de buitres. Sic transit gloria mundi.

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