20 de agosto de 2012

Abducciones en México

A Miren E. Palacios

Al ufólogo en paro santanderino Roberto Brevas le cayó a principios de mayo del 2012 una chapucilla para una revista de ciencias ocultas que nacía al rebufo de la expectación que habían levantado las profecías mayas. Debía hacer un pequeño dossier sobre los OVNI's en tierras de México, ese era el encargo. No importaba de qué casos ufológicos escribiera, lo único que le pedía la revista era que escribiera diez páginas sobre platillos volantes y extraterrestres y que lo hiciera de manera intrigante y aterradora para conseguir una clientela lo más abultada posible. 

-Nuestro mecenas es un millonario muy interesado en este proyecto -le dijo el director de la publicación y, mostrando en el tono cierta avergonzada consternación, continuó-. Este hombre considera nuestras temáticas un instrumento útil para entretener y contentar a los degenerados y a las razas inferiores e impedirles que sean captados por el comunismo antes de que... se logre su exterminio. En fin... yo solo soy un periodista, no me dedico a reestructurar personalidades tortuosas... De todos modos, su generosidad con nosotros no es ilimitada y, si el proyecto no funciona, no habrá más dinero.

A las diez de la mañana del día nueve llegó a la capital de México en un vuelo desde Madrid. Tenía todos los gastos pagados por la revista y se dedicó en primer lugar a llamar desde un hotel a todos los ufólogos locales que tenía anotados en su antigua agenda de tiempos de la oleada del chupacabras, allá por los 90'. Pero los números telefónicos que tenía no le permitieron localizar más que a un ufólogo en activo pero ya firme partidario de la hipótesis escéptica psico-social, según la cual los OVNI's eran una materia muy digna de estudio que, pese a todo, no existía. 

Pasó la tarde deambulando por la ciudad sin ganas de buscar noticias recientes sobre OVNI's en internet. Le robaron la cartera primero y el reloj después. Cuando fue a preguntar a un policía cómo se volvía al hotel, hubiera jurado que el reloj que llevaba puesto era el suyo, pero este investigador del fenómeno extraterrestre tuvo que descartar la hipótesis por ser demasiado descabellada. Al llegar al hotel, vio a tres personas con una pancarta enrollada entrar delante de él. Por charlar un poco, pues se estaba aburriendo, le preguntó al recepcionista si sabía por qué llevaban aquellos clientes una pancarta.

-Mañana vienen de todas partes de México a pedir justicia para los desaparecidos -respondió el recepcionista.

-¿Qué desaparecidos? -preguntó Roberto Brevas.

-Muchos jóvenes desaparecen en México pero la policía no investiga  -dijo el recepcionista.

En el cerebro bien entrenado en el prejuicio extraterrestre de Roberto Brevas, se encendió un foco que iluminó, al modo de una revelación, las palabras del titulo del dossier que todavía estaba por escribirse: DECENAS DE POSIBLES ABDUCCIONES EN MÉXICO. EL GOBIERNO MEXICANO SE NIEGA A INFORMAR A LOS FAMILIARES. El dossier ya era cosa de mero trámite, pensó, bastaban unas cuantas entrevistas a los manifestantes, luego ir a tocarle las narices a un policía, que si había suerte, contestaría con evasivas pero se dejaría fotografiar para la revista y... ¡a casa!

Esa noche se comunicó con la revista desde el hotel y les habló de su sospecha de que los extraterrestres estaban secuestrando mexicanos provocando un silencio de impotencia en las autoridades. El director felicitó a Roberto Brevas indicándole que era precisamente ese tipo de noticias el que necesitaba para su primer número y que sería bien recompensado por tan excelente trabajo.

Al día siguiente, el ufólogo, compartiendo la jornada con los manifestantes, venidos de todos los estados mexicanos e incluso de otros países, y entrevistando a muchos de ellos, no pudo dejar de advertir, pese a su obcecado prejuicio ufológico, que la hipótesis extraterrestre dentro de ese asunto se desintegraba como una roca espacial dentro de la atmósfera. Todo apuntaba a una guerra sucia contra el narcotráfico. 

De todas formas, una foto de un policía en la comisaría quedaría muy aparente y daría peso a la causa extraterrestre incluso en aquel caso. De modo que se dirigió a la comisaría de policía y, una vez allí, preguntó a un agente si le podía hacer una foto. El agente posó mientras el ufólogo disparaba la cámara y después, por no inventarse toda la entrevista, Roberto Brevas decidió preguntarle si tenía idea de a qué eran debidas las desapariciones antes de poner pies en polvorosa.

Lo que el investigador de lo insólito no había siquiera sospechado es que la persona con la que estaba hablando era una persona honesta y bondadosa y, tras llevarle a un lugar apartado, le hizo revelaciones sobre la corrupción de la policía mexicana tan duras que le entró un sudor frío pese a su temple valeroso hecho a oír hablar de las hazañas de los perversos extraterrestres. El buen policía le pidió que divulgara en España lo que le había contado pero sin revelar su nombre. 

Pero de Roberto Brevas ya no se ha vuelto a saber nada. No regresó a su hotel donde se dejó su maleta con todas sus pertenencias. La revista que le contrató publicó un solo número que ahora se vende a precio de oro para coleccionistas de basura. En su portada puede leerse: ¿NUESTRO CORRESPONSAL, EL UFÓLOGO ROBERTO BREVAS, ABDUCIDO POR LOS OVNI's?

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