28 de julio de 2012

Un niño especial

A Marina Gracia

Un niño de diez años dibujaba en el salón de casa mientras su padre escuchaba Las Cuatro Estaciones de Vivaldi en su cadena musical. El niño sacaba la lengua por la comisura de los labios y la movía en círculo cada vez que tenía que hacer una linea curva. Sin quitar la mirada de su cuaderno de dibujos, dijo de pronto:

-Papá... 

-¿Qué? -dijo su padre.

-¿Cuándo podré tener un patinete? 

-Mañana mismo, si quieres que te lo compre -contestó el padre.

El niño resopló con fastidio.

-¿Y cuándo tendré una bicicleta nueva? -preguntó de nuevo.

-Al final de curso, si sacas buenas notas, para montar en casa de la abuela -respondió el padre.

El niño volvió a resoplar con fastidio.

-Papá, ¿y cuándo tendré un coche de lujo?

-Para eso aún te faltan al menos treinta años, hijo, lo siento.

Entonces el niño tiró hacia el techo el lápiz de color verde que llevaba en la mano, se levantó y empezó a dar saltos y más saltos como un energúmeno mientras gritaba: 

-¡Qué bien, qué bien...! ¡Treinta años de ilusión, treinta años de ilusión...!

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