12 de julio de 2012

Seis microrrelatos contra el miedo a la soledad (V)

A Aura


Un hombre sufría una amarga soledad a la que le obligaba su extrema timidez. Tenía miedo de la gente y, al mismo tiempo, añoraba su estima. Lo que le daba miedo era que no se le estimara pero, como no se atrevía a exponerse a la observación de la gente, nunca podía ser estimado por ella. Su miedo, por tanto, actuaba al mismo tiempo como causa de lo que tanto temía.


Pero un día se dijo:


-¿Y por qué no me iban a estimar si dejo que me observen? ¿Soy acaso un monstruo?


Se miró al espejo. Hacía tiempo que no lo hacía por un extraño temor. Lo que vio le dejó una impresión desagradable al principio. Algo había de extraño y poco usual en aquel rostro. Se preguntó por qué no era como los demás, por qué tenía que ser precisamente él distinto a los demás, por qué había tenido esa mala suerte. 


Pero luego se asomó al balcón y observó a la gente que pasaba. Pensó que eran todos distintos, no había nadie que fuera "como los demás". Y, entonces, comprendió lo absurdo que era pretender la estima de la gente.

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