30 de julio de 2012

En la salud y en la enfermedad

A Angela Vallvey

José se echó de golpe sobre el sillón de segunda mano al llegar a casa.

-¡Qué tarde has llegado! -dijo María.

-Es que hoy me ha tocado trabajar dieciocho horas -dijo José-. Había que cargar cien mil kilos de patatas y la máquina que las carga estaba averiada. Estoy rendido. Me duele todo el cuerpo... 

-Yo también estoy entumecida -dijo María-. Todo el santo día dando vueltas del sofá a la mecedora y de la mecedora al sofá. Voy a tener que buscarme un  trabajo. 

-¡Ni hablar! -gritó José-. La mujer, la pata quebrada y en casa. 

-¿Sabes qué día es el lunes? -dijo María de pronto, alegremente. 

-Sí -contestó José-. El día que me corté tres dedos con la trituradora del taller. 

-Sí -dijo María-. Pero también es nuestro aniversario de boda. 

-Ah, sí, es cierto... -dijo José-. Te felicito. Es un día muy especial para ti. 

-¿Me sigues queriendo, José? -preguntó María dulcemente. 

-¿Que si te quiero? -respondió José y añadió con ternura rudimentaria:- Ven que te sobe. ¿Y tú me quieres a mí, María? 

-Tanto te quiero -respondió ella- que te voy a dejar que me regales una cadena de oro puro.

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