4 de junio de 2012

El Pacto de Virtudes

En una habitación que parecía la consulta de un médico que, por los elementos que contenía, se adivinaba además cirujano estético, una adolescente se vistió su camiseta para tapar unos pechos voluptuosos mientras un hombre maduro, vestido con bata blanca y en cuyo rostro lucía unas gafas redondas que le daban un aire delicado le decía:

-Recuerda, Virtudes, el plazo expira a tus cincuenta años. 

-No me importará morirme entonces -contestó la adolescente-, quiero vivir la vida intensamente y, de la otra forma, mi vida habría sido tan anodina que me habría muerto igual a los cincuenta años, aunque fuera de aburrimiento nada más. 

-Ya sabes que no hay vida eterna para nadie, mi caso es distinto porque soy un ser de otra especie. Pero, aunque no la haya y sólo tengas que pagar con una muerte prematura, tu vida va a transformarse profundamente y no habrá marcha atrás. ¿Firmas el contrato a pesar de todo?

La adolescente se aproximó, sin decir nada, al papel y le estampó unos garabatos con determinación casi furiosa. Luego dijo con despecho:

-¡Pues claro, imbécil! ¿Crees que voy a estar toda la vida siendo Virtudes la boba, la que ni de casualidad consigue que Pedro se fije en ella? 

-Recuerda que fuera de aquí no eres ya Virtudes sino una chica nueva, ni yo soy Lucifer sino un cirujano plástico, en el momento en que desveles a alguien este secreto, morirás.

-Vale, "pobre diablo"... -contestó Virtudes y salió por la puerta y dio un portazo.

*** ***

La nueva chica se ganó pronto la popularidad de todos los chicos y chicas del instituto. Había llegado de Francia, era huérfana pero actuaba como actriz en el cine y el teatro. Pedro era el único que no le hacía caso y ella, todo el mundo lo sabía, se sentía muy mal ante ese desinterés, la gente era perfectamente consciente de que "Claudia" suspiraba con melancolía por Pedro. Pero en cierta ocasión, ella le invitó a tomar algo en la cantina y conversaron. En cierto momento de la conversación, ella, fingiendo coquetería pero deseando en realidad interesar a Pedro le preguntó:

-¿Te parezco guapa o fea, Pedro?

Pedro dijo que muy guapa pero que sabía de una mujer muy hermosa también que acababa de morir. 

-Se llamaba Virtudes -dijo Pedro- y la amaba en secreto porque no me atrevía a decirle nada pues soy fóbico social. Ahora me encuentro muy mal, lloro todas las noches, no puedo soportar haber dejado de verla todos los días en el pupitre de delante. La muerte es tan mezquina...

Claudia, mostrando una extraña turbación, le respondió, nerviosa:

-Olvídala, esa chica ha muerto, es cosa ya del pasado, debes enamorarte otra vez...

-No puedo olvidarla, he determinado dejar este mundo, ella es lo único que me hacía falta de él y ahora que la he perdido, no me importa dejarlo.

-¡No puedes quitarte la vida ahora...! -gritó Claudia-. Tienes toda la vida por delante para volver a enamorarte... -Claudia cada vez más nerviosa gritó:- ¡Enamórate de otra chica! ¡De Eva, de Vanesa... de mí! -Claudia puso un énfasis especial a su voz en el momento de ponerse como ejemplo.

Pedro agachó la mirada y dijo tristemente:

-No es posible... esta noche me iré de este mundo, lo he decidido.

Pero en ese momento Claudia se desabrochó la camisa y mostró su vientre:

-No tengo la cicatriz de los cuerpos que han nacido de un vientre humano, sólo algunas partes de mi anatomía son de una persona que tú conoces bien, son las suficientes para que no haya perdido mi auténtica identidad, lo demás es creación del Diablo, he hecho un pacto con él, soy Virtudes...

Pedro se quedó mirándola estupefacto y, luego de asimilar todo lo que le había dicho y de creerlo ante la evidencia que le proporcionaba su falta de ombligo, le contestó al fin:

-Te amo, Virtudes, te amo con todo mi corazón...

Virtudes acercó su rostro al de Pedro y ambos se besaron con ansiedad. Pero, en medio de la escalada de sus deseos, cuando esperaban que el beso les condujera al encuentro definitivo de sus dos almas, la boca de Virtudes se detuvo en la búsqueda, sus labios se volvieron fríos y lívidos, su cabeza se inclino por el peso hacia el suelo y se desplomó, perdido el aliento para siempre.

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