28 de junio de 2012

Cámara Macabra

A la actriz Raquel Mesa

La explosión derribó parte del tabique y un vapor extraño y un intenso frío penetró desde el otro lado. Los cacos pasaron con sigilo por el agujero abierto en la pared.

-Esto no es el banco, Marrajo -dijo el Tomate dándose un paseo de inspección por el lugar.

-No. Es una cámara frigorífica -contestó el Marrajo decepcionado.

-¡Dios, Marrajo, vámonos de aquí! -exclamó el Tomate de pronto, presa del pánico y dirigiéndose, apresurado, hacia la salida-. ¡Ahí hay un brazo de persona congelado...!

-¡Tranquilo, Tomate...! -se apresuró a decir el Marrajo-. Aquí cerca hay un hospital. Esto debe ser el depósito de órganos para trasplante. Leí en una revista de la barbería que colocar un brazo de otro a un tío ya no es nada, lo hacen hasta con los ojos cerrados.

-¡Chacho, qué susto, madre mía! -dijo el Tomate ya más apaciguado-. Habría que ver al tío con el brazo nuevo cómo se saca los mocos cuando está distraído pensando en la luna... Yo nunca me acostumbraría a una cosa así.

-Piénsalo bien, Tomate -dijo el Marrajo-, podemos carecer de cualquier cosa menos de coraje. Todo lo demás, nos lo pueden poner postizo.

-Marrajo, mira que esto me parece a mí que no es el hospital... -dijo el Tomate otra vez nervioso-. Aquí hay una caja de pollos preparados para hornear...

-Tranquilo, Tomate -replicó el Marrajo-. Seguro que utilizan el mismo frigorífico para los órganos y para el cocinero. En tiempos de crisis no se puede derrochar la energía. Oí el otro día en la radio del coche que están haciendo recortes en sanidad.

-Marrajo, hay que ver... -dijo al cabo de unos instantes el Tomate-. Yo no sabía que para tener coraje no hacía falta pensar. Estoy viendo ahora mismo una cabeza con raya en el pelo y todo.

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