28 de mayo de 2012

Las tres tablillas de Ur

Han cesado de manifestarse definitivamente en el mundo de la Arqueología las dudas razonables acerca de la autenticidad de tres tablillas de barro cocido con escritura cuneiforme que, según la opinión ya unánime de los expertos, pueden fecharse a finales del tercer milenio antes de Cristo y atribuirse a un archivo religioso de la ciudad mesopotámica de Ur. El texto de estas tablillas recoge la historia de un pleito de posesión de tierras adornada por las creencias de la época. Reproducimos aquí, para el público amante de las curiosidades de la Historia Antigua, la traducción completa del documento.

"Zumalnaguesi, terrateniente de Ur, tenía un árbol no muy longevo que daba abundante fruta cada verano. Sus frutos los repartía entre los hambrientos y mendigos sin quedarse nada para él, por lo que gozaba del afecto y el respeto de toda Ur. Pero un día desapareció la piedra que marcaba el linde entre las tierras de Zumalnaguesi y las de Gurukmalak y Gurukmalak comenzó a decir que aquel árbol, que estaba casi en el límite entre las dos tierras, pertenecía a su heredad. Su corazón estaba afligido por una funesta envidia pues codiciaba el amor de los ciudadanos pero obraba mal con todos y era detestado por todo el mundo.
"Gurukmalak, albergando la iniquidad en su negro corazón, denunció a Zumalnaguesi por robarle la fruta de su árbol y también por quitar el hito de piedra para apropiarse libremente de ella. El juez de Ur, conocía el buen natural de Zumalnaguesi pero, como veía la vehemencia con que le acusaba el otro, hizo volver a colocar el hito junto al árbol y deliberó que cada año se recogiera toda la fruta y se dividiera su peso exacto en dos y se diera una parte a Gurukmalak y otra a Zumalnaguesi. Pero Anu, dios del cielo, quiso descubrir la negritud del corazón de aquel mal vecino y en el mismo punto que se colocó el hito, se levantó una fuerte tempestad y un rayo partió en dos el árbol y lo quemó hasta las raíces.
"Después de la tormenta, Zumalnaguesi habló al juez con honda pesadumbre, pensando en los hambrientos a los que no podría dar la fruta al año siguiente, pero Gurukmalak se alegró y, con brillo en sus ojos, dijo que haría leña de su parte. El juez de Ur, cuando vio que el inicuo vecino se alegraba en lugar de lamentar la muerte del árbol, receló su engaño y dispuso que se colocara el hito a tres horas de camino, tiempo que había durado la tormenta, entre el árbol y su parte. Gurukmalak tanta aflicción sintió entonces que enloqueció y se ahorcó. El árbol hizo nuevos brotes a la primavera siguiente y, en el verano, hubo fruta suficiente para alimentar a todos los hambrientos de Ur durante cuarenta días.
"¡Oh, Anu, dios todopoderoso del cielo, quien te celebra nada tiene que temer!"

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