31 de mayo de 2012

Lamentos

A Nora Francucci

Aunque no diremos que no lo consiguió después, pues sí lo hizo, llegó a los 70 sin encontrar a su pareja ideal. Había sido muy exigente para las mujeres. Tenían que ser atractivas, jóvenes, mujeres de su casa, ahorrativas, obedientes, poco exigentes en nada y saber ceder siempre en cualquier discusión con él. Estaba solo, sí, pero tenía un perro al que quería mucho, que le acompañaba en su solitaria vida de jubilado. Cuando nació, le puso de nombre Bob pero, con el tiempo, se lo cambió por "Lamentos" porque, cuando ponía en el compact disc su música favorita, en especial las canciones de Chavela Vargas, aullaba entre triste y reverente.

A veces pasaba por su mente la horrible imagen de la muerte y,  pensando que ninguna mujer le había amado y que iba a morir solo, sentía una pena tan grande que, para aliviar algo su dolor, ponía los CD's de Chavela Vargas. Entonces, juntándose los desgarros de la voz de la cantante mexicana con sus propios sollozos y los aullidos tristes y reverentes de Lamentos, se formaba la escena más patética a la par que estruendosa del mundo y, más de una vez, si era, como usualmente ocurría, a una hora avanzada de la noche, los vecinos habían golpeado las paredes adyacentes o el techo para llamarlo al orden y pedirle silencio. Con cuánto dolor recibía este gesto de los vecinos, culpándolos de una crueldad e incomprensión que atribuía, por extensión, a todo el mundo y a toda la humanidad, es imposible ponderar aquí pero finalmente apagaba el equipo de música y se iba a dormir.

Lamentos se acostaba en una estera en el lateral de la cama y soñaba quizá con esa perrita que no le lamería el hocico nunca, ni le espulgaría el lomo cariñosamente con los dientes ni daría de mamar, tal vez, a nueve cachorrillos, fruto de su unión sexual con él.

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